Cabaleiro 151

El populismo no es una ideología, sino un estilo de comunicación política. Puede ser de izquierda, derecha o centro. Se basa en simplificar, emocionar y movilizar.

Ahora la ultraizquierda desea movilizar con otro recurrente baile de San Vito. Como que estamos ante un emergente drama moral y nacional el pícaro catalán nos exorcizará y salvará. Los culpables adquirirán forma de villano de cómic y las soluciones serán tan elementalmente comprensibles (caben en tres tuits) como imposibles.

Un movimiento político como de fraile medieval dividirá España en el Bien y el Mal, «dignidad», «justicia», «esperanza», «derechos», «miedo», «odio», «justicia», se blandirán como espadachines en un motín. El razonamiento y los programas de gestión y gobernanza se sustituirán por la justa moral. Veremos dosis de todo ello en las redes sociales, los magazines de entretenimiento, en la cultura audiovisual; como decía, el baile de san Vito.

Mucha musica, mucha manifestación masiva, mucho símbolo cultural y «artistas» unidos a la causa que acusa. Conciertos, memes, lenguaje informal, Rufián en Vogue. Las metafóras y los antagonistas se simplificarán hasta la irrisión. Como escribió Platón en el Gorgias: «La retórica es el arte de producir persuasión sin enseñar nada”. O como dijo Chantal Mouffe unos milenios después: “La política democrática requiere pasiones colectivas”.

Cabaleiro 150

En la tradición clásica (griega y romana) se entendió la amistad como algo mucho más alto que el afecto emocional. No era simpatía ni afinidad superficial, sino concordia de almas y comunidad de virtudes, elección deliberada y lealtad estable, y perseverancia ante el conflicto o disenso. En ese marco, romper un vínculo por enfado pasajero o herida narcisista no era simplemente “mala educación”, sino inmadurez moral.

El “berrinche”, para Aristóteles, pertenece al ámbito de la pasión irreflexiva (πάθος), no de la elección racional (προαίρεσις) Y Cicerón, en «Laelius de amicitia», insiste en que la amistad no puede depender del humor cambiante. No debemos -creo- abandonarnos o gobernarnos por el simple y veleidoso capricho. La ira destruye lo que el tiempo construye. No creo que la amistad deba ser volátil, emocionalmente explosiva, teatral ni tampoco depender del ego.

Esa exigencia moral lenta y duradera en nuestros tiempos líquidos se convirtió en algo flexible, reversible y frágil. De la lealtad férrea pasamos a la mera sintonía efímera. La cultura digital acelera las rupturas. Hoy es una práctica normal bloquear, desaparecer, cortar. Mark Fisher, «Realismo capitalista» (2009): “La cultura contemporánea fomenta la desafección preventiva: no te vincules demasiado, no te comprometas demasiado”.

La amistad profunda no ha desaparecido, pero dejó de ser una promesa para convertirse en una opción. Los antiguos temían perder a los amigos; nosotros tememos necesitarlos demasiado. Tiempos modernos.

Cabaleiro 149

Europa, a mi juicio, es una unidad administrativa, no emocional ni cultural. Lo que antaño unió el derecho romano, el latín, la herencia grecorromana, el cristianismo, las universidades, el canon filosófico y literario -pese a que la homogeneidad no era absoluta-, se fue volatilizando. Europa nunca será como EE.UU. Nuestra tradición común de pensamiento, crítica y cultura se diluye en las memeces de las redes y en el pacto fáustico de las finanzas.

Víctor Hugo expresó un bello, utópico, imposible, sueño europeo: “Llegará un día en que todas las naciones de nuestro continente, sin perder sus cualidades distintivas ni su gloriosa individualidad, se fundirán estrechamente en una unidad superior y constituirán la fraternidad europea. Llegará un día en que no habrá otros campos de batalla que los mercados que se abren al comercio y las mentes que se abren a las ideas. Llegará un día en que los cañones y las bombas serán reemplazados por los votos, por el sufragio universal de los pueblos”.

La Europa de la cultura se ha aniquilado a sí mismo. Europa entró en su invierno, está cansada y no cree en sí misma. Se rompió la transmisión cultural. Fracasó por agotamiento interno. Wolfgang Streeck lo expresa así: “La Unión Europea ha dejado de ser un proyecto de esperanza para convertirse en una máquina de gestión de crisis permanentes”. Y Mark Leonard indica algo a mi ver muy certero: “Europa corre el riesgo de convertirse en el museo del mundo”.

Avanzamos de crisis en crisis: crisis de natalidad, de identidad, de confianza etc. Douglas Murray, en «The Strange Death of Europe»(2017), acuñó una profética frase polémica: “Europa está cometiendo un suicidio”.

¿Podremos imaginar a Sísifo feliz?

Cabaleiro 148

“Esta y no otra es la raíz de donde surge el tirano; cuando él aparece como un protector”, Platón. Y Plutarco nos avisa: “El verdadero destructor de las libertades del pueblo, es aquél que le reparte regalos, donaciones y beneficios”. Asombran los parecidos de estas dos citas con el quehacer de Sánchez. Pero, el resumen y numen de su obra y gobierno (sic), cabe idealmente en la observación de H.L Mencken: “Democracia es el arte de administrar el circo desde la jaula de los monos”.

La tiranía por lo usual se templa con asesinato, y la democracia debe ser templada con una buena constitución. En ausencia de esto, se convierte en una representación de la locura colectiva. Sánchez pretende dinamitar la constitución y hacernos saltar a todos por los aires. Le disgustan las funciones jurídicas, políticas y simbólicas de nuestra carta magna. Debido a su ambición cesarista y patológica, no cree en un poder ordenado, limitado, y a veces dudo que incluso hasta en la legitimidad popular. Descree de las garantías jurídicas y los límites a la autoridad (lo que genera confianza social)

Si una constitución se rompe, lo que luego suele caer es el propio Estado; el sueño húmedo de nuestro plenipotenciario líder.

NOTA BENE: Espero, por el bien de la nación, que mis impresiones solo sean sesgos de la fachosfera o alucinosis de un perturbado.

Cabaleiro 147

Una cultura excesivamente vigilada puede volverse prudente o censora, timorata, homogénea, y, paradójicamente, menos tolerante con la diferencia intelectual y conductual.

John Stuart Mill, On Liberty, 1859: “Si toda la humanidad menos uno fuese de una misma opinión, y solo una persona fuese de opinión contraria, la humanidad no estaría más justificada en silenciar a esa persona que esa persona, si tuviera el poder, en silenciar a la humanidad. […] Si la opinión es correcta, se priva a la humanidad de la oportunidad de cambiar el error por la verdad; si es incorrecta, se pierde un beneficio casi tan grande: la percepción más clara y la impresión más viva de la verdad producida por su colisión con el error”. Mill es el gran defensor liberal de la libertad incluso para el error. La fricción es necesaria.

O Alexis de Tocqueville, De la démocratie en Amérique, 1835–1840:

“En América la mayoría traza un círculo formidable alrededor del pensamiento. Dentro de esos límites el escritor es libre; pero ¡ay de aquel que ose salir de ellos! No tiene que temer una inquisición, pero está expuesto a molestias de todo tipo y a persecuciones cotidianas. La carrera política le está cerrada; ha ofendido al único poder que puede abrirla. Se le niega todo, incluso la gloria. Antes de publicar sus opiniones creía tener partidarios; ahora parece no tenerlos, pues quienes lo censuran hablan en voz alta, y quienes piensan como él guardan silencio». Tocqueville describe ya en el siglo XIX una forma de censura social no legal, sino moral y mayoritaria.

Ahora la seguridad emocional se ha convertido en un valor supremo, y eso está erosionando la libertad académica o vital. La libertad no sirve para proteger lo cómodo, sino lo incómodo. La libertad incluye -debe incluir- libertad de ofender, si no, no es libertad. Una sociedad madura debe aprender a vivir con la ofensa sin convertirla automáticamente en persecución.

Cabaleiro 146

Los españoles tienen una de las confianzas institucionales en la ciencia más altas del mundo, pero una formación técnica y científica muy irregular (el 41,6 % cree que los gobiernos han creado virus para controlar la libertad y el 33,3 % cree que se oculta la cura del cáncer)

Existe confianza en los científicos como grupo profesional, no en la ciencia como método. Se los considera competentes, sacrificados y alejados de la corrupción, pero en cambio poco sabe la población de ciencia. Es una confianza moral, no epistemológica. De ahí que se respete a médicos, pero también se crea en conspiraciones. Una mezcla curiosa de admiración, deferencia y distancia. Se confía en ellos, pero no se comprende lo que hacen.

La ciencia es una manera de pensar mucho más que un cuerpo de conocimientos: un proceso que nos lleva de la confusión al entendimiento de forma precisa y fiable. Como dijo Einstein: La educación no es el aprendizaje de hechos, sino el entrenamiento de la mente para pensar.

Permítanme un tren de citas.

Max Planck, «The Philosophy of Physics», 1936:

“Un experimento es una pregunta que la ciencia plantea a la naturaleza, y una medición es el registro de la respuesta de la naturaleza. Pero la naturaleza solo responde cuando la pregunta está formulada en el lenguaje que ella comprende. Por eso la teoría no es un lujo, sino una necesidad: es el idioma sin el cual las preguntas no pueden formularse ni las respuestas entenderse”.

Erwin Schrödinger, «Science and Humanism», 1951:

“El cuadro científico del mundo que nos rodea es muy deficiente. Nos proporciona abundante información factual, pone todas nuestras experiencias en un orden magníficamente coherente, pero guarda un silencio terrible sobre todo aquello que realmente nos importa y que está cerca de nuestro corazón. No puede decirnos nada sobre el rojo y el azul, lo amargo y lo dulce, el dolor y el deleite; nada sabe de lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo, Dios y la eternidad. La ciencia a veces pretende responder a preguntas en estos dominios, pero las respuestas son con frecuencia tan ingenuas que no estamos inclinados a tomarlas en serio”.

Darwin, «Origen de las especies, 1859:

“Hay grandeza en esta concepción de la vida, con sus diversas fuerzas, habiendo sido originalmente insuflada en unas pocas formas o en una sola; y que, mientras este planeta ha continuado girando según la ley fija de la gravedad, a partir de un comienzo tan simple han evolucionado y continúan evolucionando formas infinitamente bellas y maravillosas”.

Dejemos de admirar la ciencia como quien admira una catedral y seamos alfabetizados científicamente (aprendamos la lengua, el método, la disciplina de la ciencia; entremos en la catedral), busquemos -como los cuerpos buscan el sol- ser competentes en ciencia y filosofía de la ciencia. Porque una sociedad científicamente madura no es la que confía en los científicos, sino la que ha aprendido a razonar como ellos.

Cabaleiro 145

Policarpo, obispo de Esmirna y Padre de la Iglesia, dijo en el siglo II, según se lee en la Patrología de Migne: “¡Dios mío! ¡En qué tiempo me habéis hecho nacer!”

Solo puedo, en fin, lamentarme como Taine «¡Ay! Dios mío, ¡qué tontería habéis hecho al ponerme en el mundo!».

Schopenhauer: “La tontería es la madre y nodriza del género humano”. O bien Palingenio: “Tanta est penuria mentis vbique / in nugas tam prona via est!” («Tal es la penuria de la inteligencia en todas partes / que las tonterías tienen allanado el camino».

Solo puedo decir de mi siglo lo que Leopardi declaró del suyo: «feo y estúpido». O sumarme a Catulo cuando se quejaba amargamente de un siglo lleno de generaciones de hombres ausentes de gusto y gracia, «O saeculum insipiens et infacetum!».

«Me abstuve de las vergüenzas de la época», Platón, carta VII.

NOTA BENE: La izquierda siempre puede desgañitarse con El burrito sabanero, erotizarse con El Gran Wayoming, malgastar el dinero y tener servicios públicos risibles, pretender convencer con una narrativa cultural pueril en lugar de científica y testada, apoyar públicamente una cultura denigrada, usar etiquetas morales para polarizar el discurso, o abrir debates sobre mitos absurdos.

Yo, para alejarme de esa gentuza, tomaré en Little Red Door mi Negroni con mucho hielo.

Cabaleiro 144

(A Carlos Zanón)

Debemos destruir el mundo minuciosamente a través de un lenguaje nuevo y rupturista, o con ecos audibles de sinestesias nabokovianas. Las neuralgias y los acúfenos de nuestro siglo hieden. La inestabilidad mental es la técnica cotidiana. «Nunca he visto u oído nada más asqueroso que mi padre y mi madre», escribió con furia atrabiliaria Céline.

Todo esto se filtra en la novela negra en general y en la del gran Zanón en particular. Una música de suciedad sublime. Una pieza dividida en partes de pedos, putas, drogas, caleidoscopios con berrido de heroína, amaneceres con resaca y células sedientas. Charlatanes, estupradores, camellos, llenan de sueros agujereados la ciudad.

La soledad abyecta es un valor social y prima la estafa y la corrupción ¡Gloria al crimen y al robo! “Nota magis nulli domus est sua quam mihi lupanar”, “Ninguna casa me es tan conocida como el burdel”. Si nacimos en el foro: ¿por qué les sorprende que seamos gentuza?

Cabaleiro 143

Bardem o Isabel Coixet, por nombrar a los más pintureros, pertenecen a esa especie que podríamos llamar «intelectual celebrity». Opinan sobre todo con una desfachatez deslenguada, de feminismo, Gaza, Trump, la Teoría de Cuerdas y dimensiones ocultas, la neuroestética, la paleografía latina o el reinado de Leovigildo.

Estos opinadores celebrities tienen antecedentes en el escritor “engagé” del siglo XX o el artista militante de los años 60. Su autoridad procede de la visibilidad mediática, no del trabajo intelectual especializado. Su capital simbólico no es la competencia, sino la fama. Son figuras del ecosistema digital, ayunos de episteme y ebrios de doxa, y su paradójica celebridad la otorgan las redes y los medios.

Las celebridades siempre han opinado. El problema es que ahora ocupan el lugar de los expertos, que son desplazados a márganes invisibles. El método, la prueba, los años de formación se han sustituido insensiblemente por la impresión, la moral espontánea y la emoción. No se basan para juzgar en una abundante bibliografía, sino en información periodística básica. Creen que si brillan en un campo, pueden brillar en todos.

La modernidad soñó con el reinado del experto. La posmodernidad ha coronado al famoso. Ya Heráclito nos advirtió que la mayoría vive como si tuviera una inteligencia privada. Los intelectuales no son necesariamente personas inusualmente inteligentes. Son personas cuya ocupación consiste principalmente en trabajar con ideas. Con ideas y no con saldos de ideas.

Cabaleiro 142

(Sobre el peregrino Rufi)

Burton describe aquellas caravanas interminables avanzando por mares de arena donde el horizonte parece repetirse con la «monotonie» de una promesa electoral. El viajero aprende pronto que en Arabia la distancia no se mide en kilómetros, sino en sed (infinita est velocitas temporis, quae magis apparet respicientibus) y que la multitud (multitudo non sequitur), vista desde lejos, puede ser apenas un «mirage» tembloroso producido por el calor. No es raro que los beduinos sospechen de los viajeros demasiado locuaces: el desierto desconfía de quien habla mucho porque sabe que terminará hablando solo (quien habla mucho, mucho yerra)

Algo parecido aguarda a quien pretende coser los jirones de la ultraizquierda mediante una gira de provincias. El problema no es el trayecto, sino el «paysage» humano: dunas y más dunas de indiferencia, caravanas cada vez más pequeñas, oasis donde apenas quedan tres palmeras ideológicas y un camello pensionista rumiando consignas de 1978. El enemigo, por supuesto, siempre acecha en el horizonte —una tormenta de arena convenientemente bautizada como fascismo; fascismo blanco, fascismo rojo, fascismo verde, fascismo tutti pleni—, pero lo cierto es que lo que más abunda es el silencio mineral de un público «évaporé».

FUENTE: Burton, Richard Francis. «Personal Narrative of a Pilgrimage to Al-Madinah and Meccah». London: Longman, Brown, Green, and Longmans, 1855–1856. 3 vols.