Cabaleiro 121

Interesante artículo, Sr. Sostres. Mitad energía de Aynd Rand mitad brebaje de quiropráctico espiritual de la autoayuda. Usted tiene talento, pero ese tipo de talento menos alto de lo que supone y mucho más alto en cambio para sobrevalorarlo. Ojalá algún día llegue -lleguemos- a la inteligencia que aparentamos.

Le deseo alegría y lucidez. Latines y pocos colorines. El «organum diabolicum» de la programación LISP junto al «Clavis Mathematicae» de William Oughtred. “Por alegría entenderé la pasión por la cual el alma pasa a una perfección mayor», Spinoza, Ética III, Def. II. Pero, permítame citar también a mi maestro Burton: “What is life but a warfare? What is the world but a theatre of misery? Where shall a man go that shall not find vexation of spirit?». Si se complementan el derecho procesal con el álgebra medieval, Internet con la paleografía, Inditex con la alpargatería, según mi punto de vista orgánico, tampoco son disjuntos en una vida humana el placer y el displacer.

Cuando quiera nos tomamos un gin-tónic.

Cabaleiro 120

El insulto estilizado, la invectiva culta, la sátira con nombres propios, la polémica ingeniosa, no son solo simple grosería; suelen ser ejercicios de retórica brillante, donde el ataque se convierte en espectáculo intelectual.

«Leí a Hemingway por primera vez a mediados de los cuarenta, algo sobre toros, pelotas y campanas, y me repugnó», Vladimir Nabokov. «No he leído Lolita y no pienso hacerlo, ya que la longitud del género novelesco no coincide ni con la oscuridad de mis ojos ni con la brevedad de la vida humana», Jorge Luis Borges.

«Nunca he conocido a un comunista tan deslumbrado por el lujo»,

Francisco Umbral (sobre Alejo Carpentier) Por poner tres ejemplos entre miles.

La mejor Santaolalla no alcanza a la peor Belmonte, en el sentido de que existe una disparidad intelectual y cultural astronómica entre ellas. Yo defendí a Santaolalla melindrosamente porque esa pobre chica me da bastante pena; dan ganas de caminar a cuatro patas tras escucharla, mitad bruja Lola mitad Yola Berrocal, la menor parte de inteligencia que cabe en un ser humano (afortunadamente tiene un punto extra en el C.I. para que no debamos regarla cada día)

Hace un ridículo enorme con su vehemencia anti-ilustrada (pecado venial de juventud, cabe suponer) A mí me pasó como a aquel ministro de Agricultura del PP, Arias Cañete, que en un debate televisivo no se quiso ensañar dialécticamente con su -claramente inferior-contrincante mujer por caballerosidad. En fin.

NOTA BENE: Pido disculpas por acercarme peligrosamente a la animadversión directa. Escribí de modo muy áspero y nada elegante. La gran invectiva suele ser indirecta y oblicua. Soy un misántropo que ama a la humanidad Soy mitad tonto mitad micropene.

Cabaleiro 119

¿Es Gabriel Rufián un pícaro español contemporáneo? La pregunta es pertinente. Tiene un despejado ingenio para sobrevivir, más astucia que honra, una moral flexible y pragmática, una vida itinerante, unos orígenes humildes. “Más vale ser astuto que necio en tierra ajena”, nos dice Mateo Alemán en el «Guzmán de Alfarache».

Rufián recuerda, en ese sentido, a Beppe Grillo (Italia), el fundador del Movimiento 5 Estrellas, un bufón que conquistó el castillo. O a Cicciolina (Ilona Staller), que llegó a ofrecer relaciones sexuales a Saddam Hussein a cambio de la paz.

Rufián, ese hombre. Lo asocio o evoco por su extravagancia (independentista que ofrece un programa político a todos los españoles), igualmente con Heliogábalo, dado a perfomances tales como organizar banquetes con pétalos que asfixiaban a sus invitados, o nombrar cónsul a su auriga favorito. Sin olvidar al último Austria español, Carlos II, exorcista y convencido de estar embrujado.

La ruptura de las normas, la teatralidad y la vida como representación son el territorio común del pícaro, el político y el rey extravagantes. A mi juicio, ahí cabe perfectamente el ínclito y estrafalario Rufián.

En España la política siempre acaba pareciéndose a una comedia de caminos: cambia el decorado, cambian los trajes, pero el Lazarillo sigue hablando desde el tablado.

Se cambió la taberna por el plató, la capa por el escaño. Pero la comedia —esa sí— continúa.

Cabaleiro 118

Existen un tipo de novelas que leí en mi juventud, pero no he releído, a saber, de Thomas Mann el «Doktor Faustus», o «El hombre sin atributos», o «Paradiso», o «Berlín Alexanderplatz», o el «Ferdydurke» de Gombrowicz y, cómo no, «La muerte de Virgilio» de Broch.

Tengo una pálida memoria de su subordinación constante, los periodos extensos, las frases que “piensan” mientras avanzan (no solo cuentan), la disolución del “centro narrativo”. Su densidad abstracta no me invitan a revisitarlas, precisamente cuando tengo mayor poso y madurez intelectual y lingüística. Otros son ya mis apetitos (hace décadas que tampoco intento volver a leer a filósofos gnósticos como Hegel y Heidegger)

Un sola lectura no basta para juzgar la novela de Broch; antes de escribir esta nota le estuve echando un vistazo, y me pareció exasperadamente tediosa, monstruosa y magistral. La juventud lee por heroísmo intelectual. La madurez por cálculo hedonista. La gran novela minoritaria queda en un limbo: admirada, pero ya no deseada. De joven me regía un axioma: “Me sobrepasa, luego me eleva”. A los 40–50 (o cuando sea) ya no necesitas demostrarte nada: buscas placer afinado, no épica del sufrimiento.

Si con Schoenberg o Berg perdemos el hogar tonal, con Broch perdemos el hogar argumental. Lo difícil recibe odio fácil; y, sin embargo, lo difícil puede acabar siendo clásico. Acaso la relea a sorbitos, con humildad, 20 ó 30 minutos al día, como si fuera un poema. De lo que no hay disputa es de que se trata de una obra inmortal.

Cabaleiro 117

EPIGRAMMATA TIKTOKIA

¿Quina necessitat hi ha de dir que t’estimo?
Es veu: està escrit als meus ulls.
***
M’adormo, i tu véns als meus somnis i a la meva pantalla.
Joveneta, ¿què hi ha de més veritable que el somni?
***
Ni la cervesa ni el gin-tònic no són dolços
si manca el teu emoticó voluptuós al meu telèfon.
***
Els teus pits, gaseles bessones, resplendeixen
com dues pomes d’or sota els píxels.
***
Has vingut, petita meva, i m’embriago amb els teus ulls:
no és vi, sinó desig allò que m’omple la ment.
***
Quan els meus llavis, imaginaris, cercaren el teu si,
la nit s’aturà damunt els nostres cossos.
Des d’aleshores, els núvols rojos tenen la teva forma.
***
Ballant, sultana del telefoní,
la teva pell brilla com lluna sobre pell de pantera.
Els déus del desig s’admiren de la seva obra.
***
Vaig posar un dit sobre el teu sexe,
i vaig tocar un tresor.

Cabaleiro 116

Fama

«Ja sigui que arribi, com jo crec, fora del meu coneixement, ja sigui que, com han pensat homes sapientíssims, atanyi alguna part de la meva ànima, ara, si més no, em delecto a pensar-hi d’alguna manera i a esperar-la», Ciceró.

«Convertir la seva obra (…) en patrimoni de la humanitat, lliurant-la a una posteritat que la jutgi millor: aquest és el fi que, per a ell, preval sobre tots els altres fins i pel qual porta la corona d’espines que algun dia haurà de reverdir en corona de llorer. En la compleció i afermança de la seva obra es concentra el seu afany, tan decididament com el de l’insecte, en la seva darrera forma, es concentra a assegurar els seus ous i a prendre precaucions en favor d’una prole l’existència de la qual mai no coneixerà: posa els ous allà on sap amb certesa que un dia hi trobaran vida i aliment; i mor tranquil·lament», Schopenhauer.

Que ningú no vessi llàgrimes per mi,
car, encara que vilipendiat
i de vida obscura, oculta,
uns pocs (somio que els millors),
en llur boca ben viu,
i lloat i anomenat
com un dels seus,
em reservaran un modest recer
i perpetuaran la meva Fama
al Saló dels Immortals.

Cabaleiro 115

Me disperso, pierdo constancia, la imaginación se altera, la voluntad se seca, el entendimiento evita el esfuerzo. No puedo aplicar una aplicación sostenida en la lectura. Sin serenidad y con el ánimo turbio, con esta sequedad de polvo de barro dentro, no puedo leer. Mi mente salta y brinca y no soporta el discurso continuo. Lo vivo como una discapacidad ansiosa, culpable.

«La mente de un hombre melancólico es como un mar agitado, siempre fluctuante, ora arriba, ora abajo; sin descanso, sin resolución estable. No puede fijar sus pensamientos largo tiempo en un solo objeto, sino que es llevado de una fantasía a otra, y esas fantasías son comúnmente tristes y temerosas. El estudio le resulta penoso, la lectura tediosa, su discurso entrecortado y su memoria distraída»; Burton.

Me nubla y debilita el desorden. Me asola una súbita aversión al estudio. Aborrezco el libro entre las manos. Impotente, aunque quiera no puedo. Todo me parece pesado e inoportuno. Acaricio a mi perrilla. Doy sorbos a la cerveza. Potentia deficit.

Cabaleiro 114

Ficino, en «De vita triplici» (1489), vincula el temperamento melancólico con Saturno y con el genio contemplativo: “Saturnus facit homines solitarios, contemplativos, tardos, sed profundos”, «Saturno hace a los hombres solitarios, contemplativos, lentos, pero profundos». Y añade que, bien gobernada, la melancolía es fecunda para la filosofía.

Acaso los melancólicos seamos aptos para lo divino si se purifica nuestra mente. Juan Huarte de San Juan: “La imaginación es potencia que en los melancólicos suele exceder, y por eso inventan cosas nunca vistas.”.

Aquí, en la aldea, mi soledad es bálsamo y veneno. La acedía es un demonio que acecha. Mi figura o personaje de escritor solitario entre hórreos y volúmenes antiguos es profundamente saturnina. Pero recuerdo a Ficino: la melancolía -me digo- debe ser gobernada por la música, la amistad y la luz. Si el miedo y la tristeza perseveran largo tiempo, es melancolía. Si la imaginación se daña, engendra delirio. Mi ingenio, ay, se mezcla con la demencia.

«Modus servandus est», me repito como música cognitiva a no desoír.

Cabaleiro 113

Parla John Clare

La nit exhala una fragància de maduixa silvestre;
els cans lladren a la Lluna, el vilà vola,
els estels són or i groguegen l’herba:
… tardor; en aquests camps albiro l’espectre
de la Roma d’August, la riquesa del rossinyol
als afores d’Atenes; arreu on giro la mirada:
vigor i curiositat dels Mèdici, la boira
colgada, cobrint les creus del cementiri,
els closos polits pel treball, eines
de fusta al cobert, i la tendresa
de l’església engalanada, i el plaer, el dolor i el goig
del cel que medita l’esplendor de l’herba
i la glòria de les flors. Falgueres amarades de pluja.
Tot allò que concedim a la Intel·ligència prové de la Lluna.

Jo, John Clare, poeta i foll, confio el meu esdevenidor
a aquestes valls, i testimonio amb dolcesa
el somni de la meva infantesa. Poblo el cervell
de fustes, de fulles humils i de rosada,
i així dono fe, en els meus poemes,
d’amor i solitud, amor, solitud, solitud i amor.

Christian Sanz

Cabaleiro 112

Intel·lectuals d’esquerra

“Aquí, hace ya muchos años,
unos hombres lucharon con valor
contra un pueblo oriental, y decidieron
con la furia de sus armas aquel día
lo que aún es Europa, la Civilización
de la que somos hijos.
[…]
Pero si hoy, 2500
años después, tú y yo aún sentimos
en nuestra alma el vértigo
de la Libertad, si aún hay algo
en nosotros que sigue enfrentándose a la Horda,
si aún hay pensamiento y sentido
de la individualidad, es porque ellos
defendieron orgullosos aquel día
este pedazo de tierra polvorienta
y sellaron el paisaje con su gloria”
J.M. Álvarez

Je accuse. Passeu amb placidesa les hores
que precedeixen el son defensant Esparta,
fent ostentació contra Atenes.
Intel·lectuals que, des d’Atenes mateixa, la deshonoreu
amb una ininterrompuda apologia dels espartans,
vulgar i traïdora gent.
No mereixeu la claror del sol ni l’esplendor
de la ciutat que trepitgeu.
Innobles parracs són els mots de la vostra llengua.
Innoble serà que fruïu de la Llibertat.