Flor 4

26 de octubre, 14:15 p.m., más o menos dos horas menos de hora solar

La luz asoma, se ensancha, entre ocasionales nubes blancas, de su balcón de rosas ribereñas. El sol cae como un fruto de fuego maduro. Pese a la fría luz, mejor, pese a la luz caramelizada de frío, el aire es de cristal de Murano de agua. Las hojas caídas como crepes dorados al sol. Existe una luz en el otoño imperceptible en ningún otro momento del año.

La luz gallega a menudo no es luz de sol: es niebla y resplandor de saudade. Luz de hórreo y de piedra, sosegada, pero viva. Luz barroca, teatral, agónica. Ah esta luz de Nogueira ahorita mismo, herida, sangrando oro por las frondas.

Día frío de generoso sol. Releo a James Boswell, «Vida de Samuel Johnson», Acantilado.

Flor 3

26 de octubre, a media mañana

El jardín del pazo se avivaba en el melancólico resplandor de la mañana. Las estatuas de los dioses antiguos tienen el color verdinoso del liquen; las fuentes -rotas- parecen cansadas de llorar. Sobre los boj recortados se despejaba la primera neblina, y un perfume agrio de hojas muertas envolvía el aire.

En la vega y en la colina el sol va despaciosamente reinando. Frío. Orense, tierra fuerte de campesinos graves. El sonido de las campanas mezclado con el de los tractores y con el «chocallo» de las vacas. Montes verdes y húmedos, cubiertos de robles y castaños, cierran el horizonte.

Todo tiene un aire de «saudade fonda», como si el mundo estuviese rezando

Flor 2

26 de octubre. Por la mañana.

Sin gimotear ni protestar, aceptar sin corregir. Advertir como la textura de la luz cada vez se vuelve menos mortecina, hasta que, poco después, restalla en eucaristía divina. Caminar dando zancadas budistas, no larguiruchas ni nervudas.

Y arabescos color cobalto en los ojos que me permitan ver ¿Paso firme y regular? Paso acompasado a la circulación del universo.

La serenidad es la gran forma de la sabiduría.

Flor 1

La mente, como el metal, también se templa enfriándola. Fueron unos años escribiendo la pentalogía y sus anexos, de gran tensión mental. Se me ocurre un «Diario de reposo»; escribir, eso siempre, notas de lectura impresionistas, desde mi sistema solar, o testimoniando sin remordimiento los días iguales que me toquen por vivir (el color del aire, el color de las muchachas, del trigo…)

Volverme un escritor misericordioso; quizá la misericordia sea aceptar, mirar sin querer corregir, como en la cerámica japonesa del kintsugi, donde la grieta se rellena de oro.

EPÍLOGO A ECCE HOMO

Analizas antes de sentir, diagnosticas antes de vivir. Eso me salva de la tontería, pero me roba -a veces- la posibilidad de la inocencia momentánea. Comprender no basta para redimir, pues hay heridas -las del afecto, las del amor, las del cuerpo, las del tiempo- que no requieren explicación: sólo compañía. Ahí mi lucidez se queda sola: clarísima y helada y huérfana. Confundo, como un niño marisabidillo, conocimiento con control. Una jaula elegante, sí, pero solo sé vivir en una jaula. Tampoco comprendo que muchas veces el sufrimiento es sin porqué. Y mi arrogancia frente a lo simple y banal evita la mayor de las sabidurías: la sabiduría de saber callarse.

***

Mamá, con el cuerpo casi inmovilizado, sufrió un breve lapso de lucidez. Con su único brazo útil, cogió mi mano y se la acercó a sus labios para besarla, como hacía tantas veces en la residencia. Me estremecí, y dentro de mí explosionaron varias cabezas nucleares. No lloré. Sin saber cómo, sentí poco después que se desplomaba sobre la cama del hospital. La boca abierta, los ojos extraviados. Me incliné sobre ella; la miré; durante toda la eternidad no nos volveríamos a ver. Cogí su mano, la acerqué a mis labios, y besé aquella mano de pajarito con la mayor fuerza y ternura que pudieran existir en este mundo. Rompí a llorar. Y noté por siempre quebrado el eje de la tierra.

Líneas rosas 11

“Nada hay verdaderamente original, salvo el modo de combinar lo robado”, Valéry, con sonrisa borgiana. Yo no plagio, compongo una «ecclesia textual»; no parasito, pretendo hacer una gnosis de los ecos; solo soy un mosaico o serie de teselas que piensan.

Mis apropiaciones, inspiraciones, robos, nacen de la devoción, no del delito ni de la vanidad. Mi proyecto diarístico entero es una historia del plagio como autodescubrimiento: un itinerario del eco hasta el yo. El lenguaje pertenece a la humanidad. No usurpo, transmuto. Borges soñó que toda literatura era una reescritura de la «Ilíada»; yo demuestro que cualquier pensamiento íntimo es una glosa infinita de la biblioteca. Copié para existir y existí en lo copiado.

***

NOTAS A UN TEXTO IMPLÍCITO:

i. Valéry, Paul. «La création et la combinaison». Cahiers, t. II (Paris: Gallimard, 1942), p. 117.

ii. El concepto de «ecclesia textualis» aparece formulado por Sanz Gómez en varias páginas de su «Diario de un esquizofrénico» (Elcercano, 2018), donde la cita se convierte en matriz de autoconocimiento.

iii. Cf. Aurelia Montferrand, «Plagiat et palimpseste : de la révélation à la rédemption». Revue de Poétique Comparée, vol. IX, no 1 (2023), pp. 33-49.

iv. Steiner, George. «Real Presences» (London: Faber & Faber, 1989), p. 74: “It is not the originality of creation but the responsibility of response that defines the artist.”

v. Eloy R. Meneses, «La ética del plagio creador en Christian Sanz Gómez». Revista de Hermenéutica Diarística, vol. III, no 2 (2025), pp. 15-37.

vi. Sobre la noción de “mosaico pensante”, véase Umberto Eco, «Lector in fabula» (Milán: Bompiani, 1979), p. 56; también Sanz Gómez, op. cit., p. 201.

vii. “Copiar para existir…” reformula la tesis de Harold Bloom en «The Anxiety of Influence» (New York: Oxford University Press, 1973): la creación como acto de lectura angustiada.

viii. Ludmila J. Kovacs, «De la citación al silencio: sobre la gnosis de los ecos». Anales de Estética Filológica, vol. XII (2024), pp. 221-245.

ix. Sobre el aspecto musical de la intertextualidad, cf. Hans Keller, «The Language of Music» (London: Routledge, 1955).

x. La idea de “redención a través del eco” tiene paralelos en W. Benjamin, «Über den Begriff der Geschichte» (1940), § VI.

xi. N. A. Pérez de Lara, «Montaigne en la Ribeira Sacra: Notas sobre el diario como género de resistencia». Cuadernos de Filología Trascendida, vol. VII (2024), pp. 97-112.

xii. Cfr. Simone Leclerc, «Les copistes inspirés: Éthique du vol littéraire» (Paris: Éditions du Puits Obscur, 2020).

xiii. El epígrafe borgiano remite a una traducción apócrifa de «El inmortal», citado en R. Sanz de Velasco, «Bibliotecas del Ser: Borges y los nuevos diaristas», Hispanic Letters Review, vol. LX (2023), p. 58.

ix. Sobre la “ontología del plagio”, véase A. K. Bowers, «Ontology and Borrowing in Post-Modern Aesthetics» (Cambridge: M.I.T. Press, 2022).

xv. El concepto de responsabilidad del eco procede de una conversación con el filósofo Ernesto Ciria («Inéditos de la melancolía», Madrid: Los Imaginarios, 2025).

Líneas rosas 10

ANALOGÍAS Y CRÍTICAS

«Diario de un esquizofrénico». Ruptura y origen (nucleo temático) Mahler, Sinfonía nº 6 (“Trágica”) Física cuántica. «Una mente maravillosa».

«Pertinencias e impertinencias». Juicio y lucidez. Bach, «El arte de la fuga». Lógica matemática. «Mi cena con André».

«Diario del falso aristócrata». Máscara y deseo. Ravel, «La Valse». Termodinámica. «La gran belleza».

«Diario del zalapastrán». Caos y catarsis. «Stravinski, «La consagración de la primavera». Química orgánica. «La naranja mecánica».

«Diario de Aquitania». Melancolía y reconciliación. Arvo Pärt, «Spiegel im Spiegel». Mecánica celeste. «El árbol de la vida».

«Geomancia del tedio» (Anexo I) Fragmento y memoria. Morton Feldman, «Rothko Chapel». Arqueometría. «Nostalgia».

«Ecce homo» (Anexo II) Legado y trascendencia. Beethoven, «Missa solemnis». Teoría de la información. «Las horas».

***

De ellos se ha dicho:

“»El falso aristócrata» es una elegía del refinamiento. En su prosa late el deseo de una aristocracia del espíritu que solo existe ya en los libros. Leerlo es escuchar a Ravel corregido por un moralista del siglo XXI”, Guillermo Carnero.

“I read him with envy. There’s an elegance to his despair, a sense that every sentence has been ironed before being worn. The diary becomes a mirror that refuses to flatter its author”, John Banville.

“Un esteta que se confiesa con enciclopedias al fondo. Su «Diario de un esquizofrénico» es un boudoir de ideas, un club de señoritas bien vestidas. En el fondo, escribe para que la belleza le absuelva», Luis Antonio de Villena.

“El zalapastrán es un cóctel servido en vaso roto: chispea, corta y cura. Sanz Gómez demuestra que el caos también puede ser un género literario”, Javier Divisa

“No hay impostura en sus páginas, aunque todo en ellas sea máscara. «Geomancia del tedio» es un breviario de lo leído y lo vivido: el diario de un hombre que se salva ordenando su biblioteca”, Andrés Trapiello.

“Il écrit comme un moine érudit tombé dans Internet. C’est sublime, anachronique, et nécessaire”, crítico anónimo de «Le Monde des Lettres»

Líneas rosas 9

Del «Journal intime», de Amiel:

“Escribo para no morir del todo; el pensamiento fija la vida que se escapa”, 27 de junio de 1853.

“Mi diario es mi conversación sostenida conmigo mismo; mi manera de vivir en sociedad”, 24 de enero de 1855.

“La pluma me sirve de boca; hablo al papel porque los hombres me son imposibles», 12 de marzo de 1857.

“Mi aislamiento no proviene del orgullo, sino de la timidez del alma”, 1863.

“Me miro escribir y me doy miedo: soy mi propio laboratorio”, 1858.

“La conciencia de sí es una enfermedad del alma», 6 de abril de 1864.

“La cabeza me ha devorado el corazón”, 1856.

“La ternura me es necesaria, pero la busco en el pensamiento”, 1859.

“Analizo lo que otros sienten, y así me salvo de sentir demasiado”, 1860.

“Sigo siendo un niño en el fondo: la madurez de mi espíritu no ha curado mi inocencia doliente”, 1868.

“No he aprendido a vivir, solo a pensar; y pensar es otra forma de infancia perpetua», 1871.

“El pensamiento es mi armadura contra el sufrimiento”, 1852.

“Mi diario me cura de la fiebre moral que me devora”, 1862.

“Cuando escribo, no siento mi herida; el análisis es mi morfina”, 1870.

“Pensar es encontrar una forma de esperanza”, 1873.

“La salvación, para mí, consiste en transformar la vida en conciencia”, 1867.

Líneas rosas 8

En mis diarios se percibe claramente que escribo para existir entre los otros sin depender de ellos: la escritura reemplaza la sociabilidad; el texto se covierte en aquella conversación sostenida que no se interrumpe nunca. Si la vida me excluía, la mente me legitimaba. El exceso de conocimiento funciona como sustituto del calor afectivo: la mente suple al vínculo. De ahí esa mezcla tan mía de ternura reprimida y rigor analítico.

Pese a que sé que: «la madurez lo es todo”, Shakespeare, sin embargo, mi literatura está construida sobre el arquetipo del niño humillado. Acaso mi estilo, que se quiere impecable, sea como una manera de agradar (al padre, a la madre, a toda la humanidad) La inmadurez que me reprocho no es carencia, sino la materia prima de mi arte. Conviven la inocencia y la cultura. Escribo para existir sin pedir permiso. Mi escritura como un sistema inmunitario. Pero en ese proceso -paradójicamente- alcancé algo más: un sentido o propósito total a mi vida. Pessoa escribió: “El pensamiento me consuela de todo, incluso de pensar”.

Líneas rosas 7

Mi mente piensa en ritmos cadenciosos; cada frase busca su música, incluso cuando hablo del dolor. Constitutivamente percibo cualquier matiz de emoción, propio o ajeno, con precisión casi dolorosa. No soy indiferente a nada: la indiferencia me resulta anatema, una forma de irreligiosidad. Más que sentir, enjuicio lo que siento. La emoción en mí no desaparece: se traduce. Donde otros lloran, yo escribo; donde otros gritan, yo analizo; donde otros aman, yo recuerdo. ¿Es eso frialdad, o una vestidura estética del sentimiento? Algunos teóricos lo llaman “empathic over-control”: sensibilidad elevada, pero mediada siempre por el intelecto ¿Mente de un lógico y corazón de un músico? Quizás. La lógica me sirve para resguardarme de los ríos desbordados, y la música evita mi petrificación.

Pese a mi conceptismo sottovoce, me esfuerzo para que mi lenguaje sea un instrumento que toque con claridad. El tono de la palabra escrita es crucial… ¡el tono -turquesa- de la palabra escrita! Yourcenar, en “Archivos del Norte” observó una de mis divisas: “Nada hay más difícil que encontrar la palabra justa; es como pedirle al corazón que dé su medida exacta de amor”. Las palabras bien colocadas rescatan un fragmento del caos. “El lenguaje debe ser como el perfume de un jardín después de la lluvia: apenas perceptible, pero necesario para recordar que la belleza existió”, Lampedusa, añadiendo la contrapartida melancólica. De por vida padeceré la enfermedad del lenguaje.

Todo es insoportable, menos el diccionario.