Libro de las deposiciones 8

19 de septiembre

Nunca he votado en mi vida… Siempre he sabido y entendido, con claridad terminante de teorema, que los idiotas subnormaloides son la inmensa mayoría, por lo que es seguro que ganarán. Un tirano puede ser un Séneca, un populacho solo puede ser un Calígula. Del agregado de ideas individuales imbéciles no resulta una idea general genial. No soy demócrata. Debiera gobernarnos una aristocracia o mandarinato de hombres máximamente sabios, máximamente bondadosos.

¡Al diablo con la gentuza y la realidad! Quiero morir en el éxtasis de la música y la prosa de Pater y Ruskin, o en las mazmorras de castillos góticos, o azotando la piel de vírgenes , no en la pútrida razón ni en esta burguesía de tenderos. La gente no se merece la moderación que mostramos al no fusilarlos a todos ¡Al diablo con ellos!

No soporto más la sórdida (como un vómito con tropezones) necedad aplastante. No hay tirano como el cerebro de un demócrata. Yo no quiero ser útil, sino obscenamente rico. Pajearse, follar, no da ya ni consuelo ni entretenimiento. Y las mujeres ya no son el descanso del guerrero. Como mosluscos hinchados y presumidos, rubias sin sensibilidad ni remordimientos, solo saben pavonearse como aprendices de putitas caras en las redes sociales.

En el fondo, ¿qué es un ser humano? Muecas y babas. Una bosta de vaca ¿Para qué engañarse? La gente no tiene nada que decirse, todos hablan de sus propios problemas -que nos importan una mierda- y nada más.

Libro de las deposiciones 7

19 de septiembre

El desdén es un arte o pasión o propiedad juvenil; al contrario, el odio -desde donde escribo-, es la fuerza motriz que mueve el sol y las estrellas.

Las masas son piojos, bacterias, moluscos natos, miasmas infectas. El conocimiento debiera ser abstruso para segregarlas de él. Por desgracia, los intelectuales no podemos impedir que las masas aprendan a leer y escribir. Pero podemos impedirles leer literatura haciéndosela demasiado difícil de entender, y eso es lo que se debe hacer. Realicemos un esfuerzo decidido por excluir a las masas de la cultura. Abandonemos la coherencia lógica, el realismo, la expresión llana; cultivemos la irracionalidad y la oscuridad.

¡Antidisturbios, golpeadlos con saña! No aman rosas, gemas ni zafiros, y desprecian a Tibulo, Baudeliare y Ronsard, y escupen sobre el gusto y las delicadezas de la vida.

Las mañanas húmedas, liliáceas, con tacto de melocotón, son rechazadas por estos cabezones babosos, payasos y retrasados. Solo saben de guarreos en su pocilga; en nada se diferencian de una cuerda de cerdos en la piara.

¡Antidisturbios! Romped los huesos a estos papagayos zánganos y estériles. A esos tuercebotas malajes sanguijuelas, que se orinan en el tálamo nupcial (mirad a hermosas hembras presas de los más viles bozos, o cómo pierden la floración juvenil a manos de canallas violentos y patosos)

Muchedumbre: narices rotas y torcidas, caras llenas de moraduras, catres de celda y garrapatear de coplillas obscenas y kitsch. La masa es empalagosa y decadente.

¡Antidisturbios! Golpeadlos brutalmente, implacablemente. Nunca vi ni oí nada más asqueroso que la masa. Resulta patético diñarla sin comprender jamás hasta qué punto son hijos putas los hombres.

Libro de las deposiciones 6

18 de septiembre

Mi padre, que quiero y quise, que no hay día -como a mamá- que no lo recuerde, que lo idolatro, que lo amé y admiré, si hurgabas, advertías un fondo bronco y agresivo (que siempre deseé reprimir en mí), unas tripas con polvo de tumbas, un temple de sangre de riñones, y un crujir a veces desquiciado. Vejestorio cabrón hideputa.

Libro de las deposiciones 5

18 de septiembre.

¿Por qué sino para asombrarse y amarme? ¿Por qué sino manteneros humildes e ignorantes, mis adoradores? Sé que el día que comáis de mí, vuestros ojos que parecen tan claros, pero que están oscuros, se abrirán al real monarca del mundo, a la vid de la vida, a la implosión de nieves y plisados tafetanes, al torrefacto sexo con las mejores odaliscas.

Soy hijo de Dios, hecho igual a su voluntad. Es mejor conquistarme, acariciar mi glande de perla y latidos, gordezuelo, que perder mil batallas. Sed mi sensual placer, mi instinto, mi verdad, mi naturaleza. Vosotros seréis mis testigos hasta los confines del mundo.

Crowley: «La moralidad común está destinada únicamente a las personas comunes». Crowley: Hacer tu voluntad será el todo de la ley​; Amor es la ley, amor bajo voluntad​; No hay más ley más allá de hacer tu voluntad.

Si el Dios justo y misericordioso es un sustituto del padre, no hay por qué asombrarse de la actitud hostil ante el padre, por lo cual el hijo lo odia, lo teme y se queja de él, lo que encontró expresión en el hermoso Satanás. Yo, tu hermano y semejante.

Satán zigzaguea en canalillos enlunados bajo el más brillante sol vulnerado de verdiazules. Aguosos sortilegios de muchachas flor lo aman. Una luz cálida de salamandra encendida calienta sus labios voluptuosos.

Libro de las deposiciones 4

18 de septiembre.

Hocicos felices de bufones. Sin disfraz, un habla de macacos. Los tuiteros -alborozados- tumban su lengua en su vómito color morera, color betún y hollín desplumados. Judas nace cada día y cada noche. Palabras con faltas de ortografía, sintaxis de melón cremoso con gusanos, odio polvoriento en los dedos del teclado. Contagian glosopeda y anacolutos. La España que todos hacemos. Cagarse en la madre de vivos y fiambres.

Libro de las deposiciones 3

18 de septiembre

La literatura, las matemáticas, el arte, son figuras míticas vestidas con clámide rojiza con doblez dorada; capuchas perladas de azul turquesa. El motivo por el que vivir.

La televisión es engrasado y sucio cuero cabelludo, caspa en los hombros, uñas negruzcas, mollejas e hígado rebozado con migas de cordero, riñones de cordero a la parrilla que dejan en el paladar un sabor a orina.

Eco: “Es cierto que los romanos abandonaban una representación de Terencio para ir a ver los osos, pero en realidad también hoy muchos intelectuales selectos renuncian a un concierto para ver un partido”

Libro de las deposiciones 2

18 de septiembre.

Jorge Javier Vázquez es una maricona mala, un agujero por detrás: falo, comida, quilo, lefa, sangre, heces, tierra. Nunca lo veremos en el museo erguido de la biblioteca redonda. A él le van las plastas de la vaca. Un moscardón verde brillante sobre la mierda.

La coña, la bronca, los analfabetos, la mentira, el engaño, el ganar dinero como sea, el soborno, el desprecio, la manipulación, el trasegar miserias, la pornografía sentimental, el reírse de la simpleza, el poner la lupa en las miserias, la zafiedad clasista y despótica, el rastrear lo cutre, el burlarse de pobre gente… todo esto -y más- es la materia de este gran hijo de puta y cerdo de cabrones. El culo engrasado por las chuletas de cerdo. Los traspuntes de sus púas diabólicas. Ojalá se muera esa repulsiva cucaracha.

Libro de las deposiciones 1

17 de septiembre

De mi «anus» sale una bombonería oleosa de burbujas de claveles putrefactos, y batir de batintín de blandos crujidos como textura. Se viste de gala la loza con las manchas fecales. A la hora del almuerzo me masturbé y, tras la lechosa tendalera, esparcí mi semen por mi estómago. La acriz porno que me excitó estaba llena de tatuajes y tenía una descuidada boca cariada. Por la tarde vi el programa de cotilleos de Tele 5; una difusa y rocosa mierda, una dureza de mollera arbórea y leñosa y diarreica. Cené temprano. Lectura de un libro anodino. No se me va el pánico a los bichejos, en concreto a las polillas, serpientes, ratones y ratas.

Oceanografía del tedio 94

Mi vida es una lista de lecturas. Tengo mucho pendiente por leer. Leer es habitar la planta noble del edificio. Escribir -mi irrefrenable otra pasión- es una diosa de guarniciones vegetales encovada en una claridad rojiza que se hace amarilla. Siempre oigo el tintineo espiritista que me urge a escribir. Pero pende afilada la sensación de impostura, de mediocridad. Prefiero -si la voluntad es firme- no publicar más textos de creación en las redes. Quiero retroceder unos pasos, y convertirme en escritor secreto, solo para mí.

Quizá aquí cuelgue críticas de libros y poemas y citas. Es tiempo de leer. Leer junto a la acapirotada y blanca lámpara encendida. Lo normal es leer. Soy un fracasado escritor de tercera fila.

NOTA BENE: Calculo que en siete, ocho o nueve meses, se publicarán «Diario de Aquitania» (último volumen de la pentalogía), y una addenda o plaquette a la misma «Oceanografía del tedio». Siento que se cierra un círculo, el que resumidamente, podríamos llamar del espíritu o la alta cultura. Deseo renovarme. Hace un tiempo que le doy vueltas a un libro cuyo tema sea el cuerpo, la viscosidad y la baja cultura. Su título provisional es «Libro de las deposiciones». Aquí caben oleosas linfas y lefas, marcas de defecación en la loza, coitos, retortijones y sangre, telebasura y Julio Iglesias, El Sintrom, El Rivotril y los informes de psiquiatría. Ramos oscuros de piel rota. Cacas flameantes embadurnando el embaldosado. Franjas frangosas de mar en los cantiles vomitados de playas y escolleras. Me da vergüenza postear estas cosas. Mi personaje público en las redes no deseo traicionarlo. Ya veremos.

Oceanografía del tedio 93

La literatura, el lenguaje, las palabras, ay, cómo podría explicarles la pasión funesta de luna ática cara a la brisa que me provocan, ese humear imprudente y obseso que me quema en los dedos ante ellas.

Como si vagara por un barco antiguo, viendo los montones de cabrestantes, las piezas de la máquina, el ardiente resplandor, el sentimiento de un movimiento cadencioso, las chispas que saltan de la chimenea, los marineros inmóviles en la rueda del timón, la cabina del capitán, un inglés con salacot, señoras hermosas y rubias que beben coñac, los músicos tocando melancólicamente un aria italiana… Singapur, Ceilán, Malta, Barcelona, Venecia, y las partículas de la gramática en el cuadrante de la mañana, y galopante la sangre en el glande de un adolescente.

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Mi maestro Álvarez llegó a la conclusión de que los únicos dioses respetables, los dioses propicios de la noche, son «los que otorgan mujeres y lecturas». Sólo a ellos merece la pena encomendarse, brindando por la cultura que «permite salvar cuanto hay de noble». Je sui ese «dilettante» a quien José María Álvarez hace exclamar en «Signifying Nothing»:

Era la Cultura.
La gran Concordia, la Armonía.
El único sentido de vivir.

Si,
la Cultura, el Arte
la cima de nuestro paso
lo mejor que hemos hecho.

El conformismo en la expresión y en las ideas toman en el mundo contemporáneo innumerables variantes y disfraces, pues exigen del lector la servidumbre. NO A TODO.