Happy meal 2

(Summa Logicae)

Esta noche blanquiazul y esta Luna de la infancia. Ando como un peregrino congojoso por mi mente; la ciudad, atribulada. Lógica: “Segnora de la noblesse”.

Entre las muchas acciones que realizamos están las de INFERIR y ARGUMENTAR. De lo que otros dicen inferimos cosas que acaso no dijeron. Argumentamos para hacer ver que algo se infiere de alguna otra cosa.

Los actos de inferir y argumentar producen muchos resultados: acuerdos, desacuerdos, enfados, aburrimiento etc. Y, obviamente, entre sus productos están las INFERENCIAS o ARGUMENTACIONES.

No toda implicación interesa a la lógica. Interesan las implicaciones lógicas. A un lógico no le interesa si la argumentación es bella literariamente, es intrigante, persuasiva, agresiva, mendaz etc. Tradicionalmente esto se consideran sus propiedades retóricas. Lo que interesa al lógico es si la argumentación es válida, y, en particular, si es deductivamente válida.

Tenemos una implicación o una inferencia lógica, o una argumentación válida (deductivamente), CUANDO LA CONCLUSIÓN NECESARIAMENTE ES VERDADERA SI LAS PREMISAS SON VERDADERAS.

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Día de mayo helado en Orense. Me niego a leer a María Dueñas, Ildefonso Falcones, Suzanne Collins o Carissa Broadbent.

Infinitamente más atractivo e instructivo (y divertido) es el “Scholarum dialecticarum libri XX”, de Petrus Ramus, uno de los primeros ensayos de Historia de la Lógica. Un fantaseador grande, muy grande: nos habla de una “Logica Patrum”, en la que aparecen Noé y Prometeo como los primeros Lógicos; de una “Logica Mathematicorum” luego, en la que se refiere a los pitagóricos. Siguen una “Logica Physicorum” (Zenón de Elea, Hipócrates, Demócrito etc.), la “Logica Socratis, Pyrrhonis et Epicretici” (¡sic!), la “Logica Antistheniorum et Stoicorum” (aquí se cita, además, a los megáricos y a Diodoro Crono) y la “Logica Academicorum”. Solo después viene la “Logica Peripateticorum” en la que Ramus alude a la llamada “Aristotelis Bibliotheca”, e. d., el “Organon”, que, según él, no procede de Aristóteles, y finalmente acaba con la “Logica Aristoteleorum interpretum et praecipue Galeni”.

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La primera vista de Palmira es como un regimiento de caballería dibujado de un solo trazo. Las ruinas resplandecen al grito de un rugiente rayo de sol. Sientes el respeto y la maravilla en medio de las tumbas. Pilares y fragmentos; yo crucé la puerta. Me esperaba el espectro de un matemático bajo la luna esférica, con claridad crema de Luna y Desierto.

“Aristotelis opera cum Averrois commentariis” (Venetiis, 1562) Frankfurt a. Main: Minerva G.m.b.H., 1962. I, P. 1a (Categoriae, De Interpretatione, Analytica Priora) I, P. 2a (Analytica Posteriora) I, P. 2b (Epitome in lib. logicae Aristotelis, Topica)

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Padmavati, sorprendida mientras se arregla y prepara para el baile, ofrece a los ojos de su estupefacto amante lisos y anudados, perfumados cabellos, sobre los que brilla la sombra de un peine de diamante. Su amante avanza bruscamente y besa aquella nuca con sus labios entreabiertos.

Ingalls, D.H., ed. (1951): “Materials for the Study of the Navya-nyãya Logic, Cambridge (Mass.)

E.R. Sreekrishna Sarma, ed. (1960): “Manikama: A Navya-nyãya Manual”, Adyar

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La lógica es una materia venerable.

Happy meal 1

Sobre los motivos y argumentos que llevaron a los lógicos a proseguir la investigación semántica bajo la presuposición de Frege de que los enunciados denotan valores veritativos, véase: Barwise & Perry: “Semantic innocence and uncompromising situations”, artículo incluido en esa joya amarilla y mate: P. A. French, André Le Vot y otros: “Midwest Studies in Philosophy”, vol. 6, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1981.

NOTA BENE: Hay una introducción increíblemente clara a las ideas de Montague sobre el análisis semántico de las lenguas naturales. Véase: David Hayman & William York Tindall: “Introduction to Montague Semantics”, Dordrecht, Reidel, 2002.

Visionario Joyce: “Todo nos está escondido cuando querríamos ver detrás de nosotros de qué región de remotidad ha sacado su idoneidad la quiddidad de nuestra quienidad”.

Lógica: teje, tejedor de palabras… Lenguaje: teje, tibio fulgor solar en regocijo sobre el mar.

Leopold Bloom, judío, masón, extranjero (húngaro) y desarraigado, un auténtico apátrida que adoraba Dublín. “Resultando que Leopold Bloom sin domicilio fijo es un conocido dinamitero, bígamo, alcahuete y cornudo y una molestia pública para los ciudadanos de Dublín (…)”, “Ulises”, Lumen, p. 112, Vol. II.

Alcahuete, extranjero, apátrida, bígamo y dinamitero, como el lenguaje esposado a la lógica.

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“Pues, efectivamente, la perfección de los autores antiguos no fue tanto que la doctrina recibida no esté necesitada de nuestro estudio, ni tanto puede creer la ciencia en nosotros, mortales, como para no poder recrear su desarrollo ulterior”, Abelardo, “Dialéctica”, Ed. L.M. de Ryk, 1970, V, p. 535.

Una lámina del “Compotus manualis ad usum Oxoniensum” representa una clase de astronomía. El maestro, rodeado de artilugios (un reloj de pesas, una esfera, una vela marcada, un astrolabio) se dedica a glosar libros de la materia en cuestión.

Lean y glosen, con el artilugio de su razón, el “Metalogicon”, de Juan de Salisbury, el “Ars disserendi”, de Adan de Balsham, autor más conocido como Parvipontano, la “Summa Lamberti”, el “De signis”, de Roger Bacon, o, también, de Pedro Hispano, el “Tractatus syncategorematum”.

Háganme caso, léanlos. LA LÓGICA ES UNA PASIÓN MEJOR QUE EL SEXO. Sentirán, atravesándoles la glándula pineal, olés y rijos de gracia. Mejor que disputar de toros, o trampear con naipes, todo relatos de majezas con bordón de propósitos excitantes.

A través de frases y símbolos, se abaten ideas, se desbrozan cabezas turbias, y feroces y brutales. El amor a la deducción es violento. Hay una hermosa vida allende la mostrenca -indigna- parlanchina de nuestros políticos. La ubre lógica desencarcela mentiras, y deja como un aire puro flotando, que el sol inunda. Y por las casas abiertas llega una brisa cálida que huele a heliotropos.

Pensar bien. La mañana se quiebra en canto de contraltos, tártaras melodías soplan motas azules en el capirote de nuestro cielo de mayo. El pensar con reglas son camelias, camelias en los ojos brillantes de zorros plateados.

Los mastines del odio 4

Mi poblachón orensano es exiguo, indigente. Región incierta, desprovista del resplandor urbano, triste extensión de campos severos, incoloros, mejor, de solo verdes, una casa perdida aquí o allí, feísmo, muros frágiles, tejados de pizarra y casas frías y húmedas, guiñaposo viento, un seto alrededor de matorrales, montones de escombros en el borde de las canterías, chamizos de hojalata, molinos sin nada que moler, hórreos de pena, sobre cepas unas cañas partidas. Verdor innoble de huertas domésticas, cada generación más divididas (una vieja arrugada junto al lavadero)

Lo mate, lo pequeño, la soledad, el exterior ceñudo. Quiero hurgar en mi espíritu, y el interior es también seco, árido, mate, sardesco, pequeño. Cansado de remover cenizas sin llamas, arcilla sin oro, tanta espina sin rosa.

Abro un libro a la busca de ciencia y mi corazón se consuela. Reverdece con Johnson, los faralaes de Sterne, Fielding, la mandolina de la peluquería en Lorca, Villon, Montaigne, Kafka, el órfico Dante, el inexorable Tucídides, Petrarca, Voltaire, el periquito Valle-Inclán, el sentencioso Quevedo, Pushkin, Llull…jarrones y biombos y terciopelos bordados con pajuelas de oro, mamuts de placer sagrado.

Mi poblachón, rústicos guipures y mantecas opulentas, empopado a nieblas y nubes, reboños de lluvia, populacho jorco, tierra de orujo, vacadas, tocino y botijos, mi aldeúcha mata mi espíritu judaizante de glosa e ilustración. Tierra feraz que devora la ternura.

Los mastines del odio 3

O me hacen Papa o hijo predilecto del ayuntamiento. Yo hubiera sido un Papa de «chinoiserie». Acostumbrado al traje, formas y ceremonial mandarinesco, a sus capas confucianas letradas. Mi cara aceitunada favorecería la caracterización. En lugar de la casulla, el palio y el roquete, una túnica de brocado azul oscuro, abrochada a un lado, con ricos bordados de dragones y flores de oro en la pechera; en lugar de la cruz pectoral y el anillo de pescador, una chupa de seda de un azul más claro, corta, amplia y suelta; los calzones de raso color avellana, babuchas bordeadas de perlas y la media sembrada de estrellitas negras.

Y sustituir la «ensalada caprese» o el «fetuccini alla puttanesca» o el «bucatini all’amatriciana», y también cualquier especie de «gelato», por ostras de Ning-Po, delicioso hilado de aleta de tiburón, ojos de carnero con picadillo de ajo, un plato de nenúfares en almíbar, y naranjas de Cantón o el arroz sacramental.

«Estar bien vestido da una sensación de tranquilidad interior que el psicoanálisis es incapaz de otorgar», Sebastian Horsley. Tengo mejor gusto que nadie, así que no me importa lo que piensen los demás sobre nada. Yo tengo razón y ellos están equivocados. Un Papa de chinería o nada.

Quiero, entre otras cosas, ser escritor, dandi, amante, excéntrico, sabio, virtuoso, buen tipo, hombre de honor, duro, derrochador, oportunista, «raisonneur»; ser muy rico, ser muy pobre, poseer mil amantes, estar en las mejores relaciones con todos los hombres, vengar salvajemente la afrenta más leve, vivir hasta los cien años lleno de vida y honor, morir joven y desconocido, pero reconocido al día siguiente como el genio más olvidado de la época. Quiero ser el primer Papa chino y esquizofrénico de la historia.

Los mastines del odio 2

León X, hijo de Lorenzo el Magnífico, el primer Médicis en el Pontificado, tuvo una pequeña corte de literatos, hombres de ciencia y artistas; él mismo era poeta, músico, arqueólogo y filósofo, con varia cultura y con un ingenio versátil, sensible a toda forma o incitación de lo bello, pero acaso un diletante falto de profundidad. El siglo de León se llamó “áureo” gracias a su mecenismo. Promocionó y protegió a la Universidad, y por su empeño, empezó una nueva era la carrera de Rafael. Todos los poetas y humanistas debemos encomiar a este Papa mediceo.

Benedicto XIV reflexionó con superior inteligencia y extraordinaria erudición. «¡A lo mejor me reprobarán -escribió- el que haga una escapatoria por los poemas de Dante, Tasso o Ariosto; pero es que a menudo necesito recordarlos para tener una expresión más viva y mayor desenvoltura de pensamiento!”.

Docto, y amigo de los doctos, fue asimismo sombra benigna de los doctos. Iban a Roma a debatir y consultar con él los sabios de mayor nombre y fama de Europa. Deseaba obispos y clérigos, no solo piadosos y de costumbres ejemplares, sino también de vigorosa solidez intelectual. Monarca sin favoritos ni cortesanos -papa sin nepotismo-, y doctor sin orgullo -censor sin acrimonia. Voltaire, corifeo contra la religión, escribió un dístico a Benedicto XIV muy admirativo:

«Lambertinus hic est, Romae decus et pater orbis / Qui mundum scriptis docuit, virtutibus ornat”.

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Creo que el próximo Papa se alimentará de kebabs y donuts, se pintará los mofletes como una drag-queen e irá con playeras; se vestirá con tutús y tocará la guitarra durante la liturgia; y se pondrá AC/DC en los auriculares para dormir. Le encantará el fútbol, las pipas y los pistachos. Para la cristiandad no habrá otro mejor.

Los mastines del odio 1

«Recibí los fundamentos de mi educación en la escuela, pero eso no fue suficiente. Mi verdadera educación, su superestructura, los detalles, la real arquitectura, la obtuve en la biblioteca pública. Para un niño pobre cuya familia no podía permitirse comprar libros, la biblioteca era la puerta abierta a la maravilla y al logro, y nunca estaré suficientemente agradecido por haber tenido el talento y las ganas de cruzar esa puerta y aprovecharla al máximo. Ahora, cuando leo constantemente sobre la forma en que se recortan y recortan los fondos de las bibliotecas, sólo puedo pensar que la puerta se está cerrando y que la sociedad estadounidense encontró una forma más de destruirse a sí misma», I. Asimov.

«Había encontrado mi religión: nada me parecía más importante que un libro. Veía la biblioteca como un templo», Toby David Godfrey Ord.

«Una biblioteca pública es lo más democrático del mundo. Lo que se puede encontrar en ella destruyó a dictadores y tiranos. Los demagogos acaso persigan a los escritores y les obliguen a decir lo que tienen que escribir, pero no pueden eliminar lo que se escribió en el pasado, aunque lo intenten con bastante frecuencia… Las personas que aman los libros tienen al menos una parte de su mente inmune al adoctrinamiento. Si lees, puedes aprender a pensar por ti mismo», Ruth Barcan Marcus.

«Las bibliotecas cambian vidas a mejor», Lorenzo Peña y Gonzalo.

«La biblioteca reúne al peor grupo de personas jamás reunido en la historia. Tipos mezquinos, conspiradores, groseros, pero extremadamente cultos, lo que los hace peligrosos», Jaakko Hintikka.

«Leo libros, uno tras otro, como si fumara compulsivamente. No hago distingos: novela rosa y negra, ciencia ficción, fantasía en papel «pulp», historia, ciencia, matemáticas, filosofía, poesía, libros de cualquier siglo, en ediciones de lujo o en papel «pulp»…. Me siento, imperturbable, en un círculo de luz, y vivo la vidas ajenas y absorbo feliz los conocimientos de otros», Aleix Leví Carballo.

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«Nunca deseo conversar con un hombre que ha escrito más de lo que ha leído», Samuel Johnson.

«Belcebú se esconde entre demasiados libros», Erasmo.

«Sea cual fuere la desgracia que pese sobre el ser humano, en la Escritura encontrara el antídoto adecuado, que ahuyenta todo pesar. Así, pues, es necesario no solo lecturas en la Iglesia, sino tambien en casa, y hacer que la lectura sea provechosa»; San Juan Crisóstomo.

«Cuando ocurre que el mayor enemigo de la verdad no es la falsedad, sino el galimatías, entonces la mayor virtud intelectual no es la brillantez deductiva o la erudición fáctica, sino el sentido común», G. E. Moore.

«La erudición es el residuo crudo de las cosechas marchitas; el ingenio: la mala hierba entrometida que las marchita», San Buenaventura.

«Como todos sabemos, hay casi una especie de placer perezoso en la erudición inútil y fuera de lugar», Jorge Luis Borges.

«Nunca se denunciará lo suficiente que los libros raros y agotados antes solo podían encontrarse en las estanterías de unas pocas bibliotecas, o los artículos interesantes en números antiguos de revistas de alta cultura. Gracias a Internet todo eso es totalmente accesible para la inmensa mayoría del público», Pierre Levy.

“But it is very difficult to be learned; it seems as if people were worn out on the way to great thoughts, and can never enjoy them because they are too tired», Mary Ann Evans, «Middlemarch».

«¿Acaso saber una cosa no sirve de nada si otra persona no sabe que tú la sabes?», Persio.

«Las drogas no son nada comparadas con el éxtasis de la erudición», A. Escohotado.

«…hay entretenimiento en la erudición», Chicago Tribune, 8 de febrero de 1937.

«Para aquel que robe un libro de la biblioteca haz que se convierta en una serpiente su mano, y que lo desgarre en pedazos. Haz que sea atacado de parálisis, y que todos sus miembros exploten. Haz que languidezca en dolor, pidiendo a gritos piedad, y haz que no haya final para su agonía, hasta que se hunda en solución. Haz que los gusanos del libro royan sus entrañas, en advertencia del gusano que no muere, y cuando vaya a su castigo final, haz que las llamas del infierno lo consuman para siempre. Amén”, Maldición a los ladrones de libros, del monasterio de San Pedro, Barcelona.

Automoribundia 18

«Cuando tenga una casa propia, seré miserable si no tengo en ella una excelente biblioteca», J. Austen, Orgullo y prejuicio.

«Mi biblioteca es un archivo de anhelos», S. Sontag, Diarios y cuadernos, 1964-1980.

«En Egipto se llamaban las bibliotecas el tesoro de los remedios del alma. En efecto, curábase en ellas de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás», Jacques Benigne Bossuet.

«Las naciones verdaderamente ilustradas se propusieron y lograron frutos muy diferentes de sus bibliotecas públicas. Las treinta y siete que contaba Roma en los tiempos de su mayor ilustración, eran la verdadera escuela de los conocimientos, que tanto distinguieron a aquella nación célebre, y las que son hoy día tan comunes en los pueblos cultos de Europa, son miradas como el mejor apoyo de las luces de nuestro siglo», Mariano Moreno.

«Me gustaba leer libros de la misma manera que me gustaba ir al cine u hojear revistas y periódicos. No lo hacía porque esperara que me sirviera para algo ni porque persiguiera un objetivo como, qué sé yo, sentirme superior a los demás, más sabio o más profundo. Incluso me atrevo a afirmar que el hecho de convertirme en un ratón de biblioteca me enseñó a ser modesto», Orhan Pamuk.

«La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos», José de San Martín.

«Nunca pidas disculpas a un autor por comprar su libro en rústica o sacarlo de una biblioteca (para eso están las bibliotecas, para usarlas) No pidas disculpas a un autor por comprar libros de segunda mano, por conseguirlos en bookcrossing o por tomar prestado el ejemplar de un amigo. Lo que importa es que la gente lea los libros y los disfrute, y simplemente que, en algún momento, el libro haya sido comprado por alguien. Y que la gente a la que le gustan estas cosas, se lo cuente a otras personas. Lo más importante es que la gente lea…», Amelia Atwater-Rhodes.

«Nada hace a un hombre más respetuoso que una biblioteca», Winston Churchill.

«Para instalar una buena biblioteca particular se necesitan dos cosas: un amplio círculo de amigos y una mala memoria», George Trevelyan.

«Si hortum in bibliotheca habes, deerit nihil», Cicerón.

«Una biblioteca es como una isla en medio de un inmenso mar de ignorancia, sobre todo si la biblioteca es muy alta y los alrededores se han inundado», Lemony Snicket.

«¿Qué es una biblioteca si no es una forma de sentir? El entusiasmo del primer día, el optimismo y la esperanza del aprendizaje, la tranquilidad del espacio, la felicidad e ilusión de despertar la imaginación, la creación de amistades… A una biblioteca se la quiere, mientras ella se deja querer», Julián Marquina.

«Las malas bibliotecas crean colecciones, las buenas bibliotecas crean servicios, las grandes bibliotecas crean comunidades», R. David Lankes, director de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Carolina del Sur.

«Una universidad es solo un grupo de edificios reunidos alrededor de una biblioteca. La biblioteca es la universidad», Shelby Foote, escritor, historiador y periodista estadounidense.

«Los libros de segunda mano son libros salvajes, libros sin hogar; se han reunido en grandes bandadas de plumas variadas y tienen un encanto del que carecen los volúmenes domesticados de la biblioteca. Además, en esta compañía miscelánea aleatoria podemos frotarnos con algún completo desconocido que, con suerte, se convertirá en el mejor amigo que tenemos en el mundo», Virginia Woolf.

«Fue bueno volver a entrar en una biblioteca; olía a casa», Elizabeth Kostova, escritora estadounidense de origen eslovaco.

«Podemos sentarnos en nuestra biblioteca y aun así estar en todos los rincones de la tierra», John Lubbock, prehistoriador, político, entomólogo y arqueólogo británico.

«Toda biblioteca es un viaje; todo libro es un pasaporte sin caducidad», Irene Vallejo.

«Una biblioteca en medio de una comunidad es un cruce entre una salida de emergencia, una balsa salvavidas y un festival. Son catedrales de la mente; hospitales del alma; parques temáticos de la imaginación. En una isla fría y lluviosa, son los únicos espacios públicos protegidos donde no eres un consumidor, sino un ciudadano», Caitlin Moran, autora y periodista británica.

«La existencia misma de las bibliotecas ofrece la mejor prueba de que aún podemos tener esperanza en el futuro del hombre», T. S. Eliot.

«Esa perfecta tranquilidad de la vida, que no se encuentra en ninguna parte sino en el retiro, en un amigo fiel y en una buena biblioteca», Hernando de Acuña y Zúñiga.

«Tu biblioteca es tu paraíso», Aleix Leví Carballo.

Automoribundia 17

La escala de colores; la escala de la cajita de perfumes. A roja, e verde, i amarilla, o violeta, u ocre. Reverberan en la placa de vidrio del cristal de la ventana de mi aposento como una luz inefable, religiosa y fosforescente. Las fajas de color, los rondeles, los cuadrados de verde, rojo, amarillo, negro, van pasando lentos, solos, despaciosos. Blancura refulgente de d, rosicler de oro de la s. Probaturas imposibles de intentar escribir sin percibir colores. De ahí mi estilo charro, artificioso, alambicado, recargado. Prosa embarazosa y accesoria de efectos, NO así una prosa rica de ideas y sensaciones.

Intento escribir y me queda todo como esos dibujos de personas con aspecto de renacuajos que hacen los niños, huevos con piernas en L y brazos que terminan en dientes de rastrillo. Porque, insisto, no me guio por conceptos ni por sensa-data exteriores, sino por tintes y pinturas: esto, con tipo chirriante naranja, lo otro, calidad subida de ciruela, lo de más allá, aflautada palta.

Mi español es una lengua de palabras beatas, papables, cardenales de plexiglás, acuarelas lentas y bonachonas y aldeanas, montones de vocales espesas, aes y oes abiertas igual a ondas vibrando en el espectro luminoso, hinchadas, íes y ees, qué letras bobas, arrastradas, verdadero beh de vaca. Acuarelas eunucoides, desprovistas de sentido del decoro, especie (pimienta, clavo, canela) de poca suculencia.

Nota bene: Hablo pastosamente, parezco un borracho, con cuádruples y quíntuples nasales, ramplón de recortada prosodia, despepite de émbolo dialéctico. Mi oralidad se nubla de negros y cortinillas deslustradas. Hablo zarrapastrosamente, comiéndome letras y trabucando fonemas. No sé ni hablar ni escribir.

Automoribundia 16

Oigo romper el viento en la tarde de primavera. Olor de eucalipto, tejas rojizas y flor silvestre. Tranquilamente pasé mi vida leyendo. La vida es ocio. Salgo de la cama hacia orillas fluviales, pesa, pasa sobre mi mano el mármol: “Medio de fonte leporum surgit amari aliquid quod in ipsis floribus augat”. “Brota de la fuente de los placeres, algo, un algo amargo, que hasta en las mismas flores nos aflige”.

El armonioso latín romano. Riñen en la orilla del río, azules y morados de trastarde, “dous carballos”. En mi palma el volumen facsímil de la “Bibliotheca”, de Photius. Lenguas regias, civilizadas y nobles, de cerebro zigomático, para leer y estudiar en tranquilidad. Me colman las salinas y esteros de sus páginas.

En este mundo plagado de ondas, pantallas e imágenes, el libro, con sus ojos de sol y su barba endrina de pirata, representa un talismán saludable y personal. Lo mejor por lo que vivir.

Automoribundia 15

Acompañamiento de jácaras de españolones. Patriotas de pelo en pecho, torerillos y contrabandistas y mercheros y ternes, matantes de burdel y de colmado, jaques de playa y políticos de la trena, toman sobre su conciencia mantener el Infecto Orden Hispano dando mulé a la Inteligencia. Toros de Navarra, Madrid, Boecillo, Utrera o el Puerto de Santa María, albarderos, yugueros y seroneros, fullones, oficinistas, todo sea por el soso tabernario Felipín de Todos los Cuernos.

(A Camilo de Ory)

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Una buena trufa asada en las cenizas del carbón de encina. Trufas color de ébano, gordas como el puño (las pobres “tartuffi Bianchi” son una especie de patatillas comparadas con las trufas de Périgord)

La literatura o es una “poularde demi-deuil”, impregnada en el gusto de la trufa, o es literatura muerta que no se reconcilia con la vida.

El mar de Ulises. Las Cicladas. Sicilia junto a la almadraba. Martes, seis de mayo. Sol y claridad. Sopla luz por las colinas superiores, parras enjaezadas, piel alta y verde del césped en mi jardín. Las pencas en la tunería de lechuzas, algas alginatas y traineles, luces cobrizas, ciencia caldea grimoria de pentáculos. Azabaches y careles de las jigas. Buen día, dorados en la crayola del sol. La literatura o tiene sabor de trufa o mejor callar.

(A Esperanza Casteleiro Llamazares)