Amargo el calor del sol, amargo el sabor de la naranja, los ojos con rímel y las hojas que ablandan el espíritu, las pulseras de oro, los balcones historiados, amargo el lustre de las perlas, el trino del colibrí, los foulards rosas de seda, el milagroso mar iluminado, los pájaros, las islas donde hay música y poemas, el mirto de los rizos, los barcos en el muelle, la madera del violín, el alma lunar adolescente, amargo el malva de las lomas de los montes, la tarde de agua, amargos, el sándalo, el cine, el fuego, la soledad.
TUMBADO EN LA HAMACA DEL JARDÍN EN UN PAZO DE LOS VALLES DEL MIÑO
(James Wright)
Abejas y mariposas de hierro libando las plantas. Al fondo, ladridos de perros en celo. A mi derecha, en un campo de sol, vacas midiendo la distancia de la tarde. Excrementos de mulas y caballos brillando como limones ensangrentados. Avanza la noche. Cenaste lechuga y huevo duro. Sumados, años en los manicomios. ¿Estuve en París con Marta con llamas en los ojos cenando Vol au vent de marisco y setas, y Coulant au chocolat? Repaso el catálogo facsímil de Beughem: “Incunabula Typographiae”. Me abate la Luna. Un polluelo de halcón busca su nido. He desperdiciado mi vida.
«No te dejes arrastrar por las pasiones y los sentimientos. Que el gobierno de la razón te haga salir de esta vorágine de los deseos y del tedio», Schopenhauer.
Ganas de huir. El té verde, afortunadamente, estuvo delicioso.
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-Entonces, ¿tú y yo que somos?
-Pronombres
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DE UN POEMA DE ALBERTO CAEIRO
Ojalá mi vida sea siempre esto: el sosiego que late en los muebles, el corazón deshecho de agradecer, la tarde que toca un último sol. Verano: higos maduros, placer, cara brillante de la noche, canción de bodas con los libros.
Leer sin comprender ni jota es una pésima experiencia filosófica o literaria. A veces un texto te supera, o bien por tus limitaciones técnicas o bien por tus limitaciones culturales, pero también pasa que se deba a la complacencia con que el autor oscurece y enmaraña su expresión (Heidegger, Lacan, Hegel, Marcuse, Góngora, Lezama, Mallarmé, Gamoneda, etc…)
Ser intencionadamente impenetrable, llenar de jerga las palabras, «esdrujulear», llevarse de vacaciones al lenguaje por una galaxia de piedras de Abraxas (gemas y amuletos gnósticos que se muestran con la cabeza de un gallo, el cuerpo de un hombre, y con serpientes en lugar de piernas, a menudo sosteniendo un látigo o un escudo) puede pasmar a jóvenes con ínfulas o inevitable papanatería, pero en el fondo es un gesto de barbarie. Evitémoslo.
Como decía Bocángel: «que nadie confunda lo culto con lo escuro, que lo escuro no es culto sino inculto». Ser claro es una «fuerza cohesiva» de la cultura y constituye la «clave de bóveda» de toda gran civilización. Los griegos y romanos se entendían, eran ordenados. Para Borges ser clásico era ser ordenado. Donald Davidson: «Terminological infelicities have a way of breeding conceptual confusion».
Como una ola jónica de un mar encalmado la claridad. Como agua en el pétalo de la primavera.
Los otros falsifican: el poeta escarba en acantilados invisibles que amar o rechazar; saca las imágenes que hieren, acarician o conectan, moldeando con su vida, con la sangre, el centro del aire inaccesible. ¿Solo su canción es un don absoluto? *** ¿Tu vida ha errado? ¿Crees etapas profundas unas cucarachas enanas brillando sobre el mar? ¿Es el destino de poeta regio o meras palabras inservibles que el sol calcina? Poesía, una neurosis, vulgar psicopatología. El poeta escribe palabras en las cenizas de una fogata; se esparcen al viento letras grises y negras como un humo de fábrica. Inútil valor, sentido o designio, inútiles sombras en el último horizonte.
Tú país no es para muertos. Tú país está esmaltado con la corriente de ríos vivos de esturiones, las damas de Antioquía ceden paso dejando atrás quioscos de bulevares bombardeados, convirtiendo el invierno de ciudades fantasma en cúpulas de Estambul, y al fin nuestra casa brilla en el pueblo junto al mar: hierba con pájaros ondeando en la playa -hierba plateada-, pájaros que anidan en el corazón de la tierra. No estoy solo.
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Londres, sobre los noventa. Estudiante solitario. Y tus cartas eran un vértigo de luz color ciruela. Boston, por los noventa (empezaba a tambalearme), y mirar nevar a través de la ventana era quebrar el espacio porque eras joven y bella.
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Tú país no es para muertos ¿Cómo puede serlo si tus ojos son cenefas de síntesis vegetal? Nunca creí que la vida fuera justa. Siempre he creído que gracias a gente como tú, no son sino dulces los años y fatigas.
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La memoria canturrea, las puertas se abren. Recójanme en el artificio de la eternidad.
Creo que era Quentin Crisp quien afirmó que creer en la política es de ingenuos y continuar creyendo en ella de cómicos.
Suelo meditar a menudo, letra a letra, palabra a palabra, frase a frase, en estas líneas del Discurso de Pericles:
«¿Cuál fue el camino seguido hasta alcanzar nuestra actual situación; cuál la forma de gobierno a cuyo calor creció nuestra grandeza; cuáles las costumbres nacionales de las que surgió?…Si miramos a las LEYES, veremos que proporcionan a todos igual justicia en los litigios…La libertad de la que gozamos en la esfera pública se extiende también a la vida ordinaria…Sin embargo, esas facilidades en las relaciones privadas no nos convierten en ciudadanos SIN LEY. La principal salvaguardia contra tal temor RADICA EN OBEDECER A LOS MAGISTRADOS Y A LAS LEYES, tanto si se HALLAN RECOPILADAS COMO SI PERTENECEN A UN CÓDIGO NO ESCRITO que no se puede infringir sin incurrir en flagrante infamia«.
Ahora el gobierno simula chabacanamente sin disimular astutamente, miente y tuerce leyes y la palabra dada, con facundia fenomenal.
La verdad y la promesa son un burdo fingimiento, un trasto para la chatarrería, y todo vale excepto ilustrar la virtud. Entiendo que la ingenuidad no sea un capital político, pero tantísima cara dura…
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ANTE LA POLÍTICA DEL SR. SÁNCHEZ
Como James Otis, Adams, Patrick Henry y otros gritaron en 1767 en el Parlamento inglés: ¡¡TRAICIÓN Y CARTA MAGNA!!
«La contemplación no sólo amplía el alcance de nuestro pensamiento, sino también el de nuestras acciones y nuestros afectos: nos hace ciudadanos del universo, y no sólo de una ciudad amurallada en guerra con las demás. En esta ciudadanía del universo consiste la verdadera libertad del humano, y su liberación de la servidumbre de las esperanzas y temores estrechos».
Karl Popper escribía:
«Creo que hay al menos un problema filosófico que interesa a todos los humanos reflexivos: el problema de la cosmología, el problema de entender el mundo -incluidos nosotros mismos, que formamos parte de este mundo, y nuestro saber. Pienso que toda ciencia es cosmología en este sentido; y para mí la filosofía, como la ciencia natural, sólo es interesante por su contribución a la cosmología. Si dejaran de ver en ello su misión, la filosofía y la ciencia natural perderían todo su atractivo, al menos para mí».
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Esa es la tarea de la filosofía, como decía Moore: «ofrecer una descripción general del mundo» y no el medieval scholasticus sobre la enésima menudencia.
También debería no vivir al margen de los tiempos, y batirse en la arena pública. Se les echa de menos.
A Lamas, Isabel y el Dr. Gracia, que, aunque no lo sepan, y, como el poeta, “de plusieurs vocables refait un mot total»
La poesía (brillante Vida donde yace oscura la duda y dura el cielo en el alma) no me dio -acaso, sí- ningún amigo afín, ningún ligue de bar, ninguna religión rosa. Pero me apartó de testas calvas que ignoran sus pecados, viejas, doctas, respetables testas calvas, que anotan en la libreta el saldo bancario y las palabras de los políticos. Pude ver la Luna sin muros ni alambradas, sabia como un oráculo, o el mar color de vino mugiendo de diamantes como un trigo sin agostar. Tal si orara en una iglesia solitaria, como si franqueara un abismo, la poesía me ha dado el silencio fresco de oriente donde no se gasta el hombre, la belleza jaspeada de la calandria solo luz, y la conversación ingeniosa -refinada- de una opinión sin yugo igual al polvo de las alas de las mariposas en las yemas de los dedos, una opinión que no incurre en flagrante infamia pues defiende la Libertad, y un Amor sin brida mientras la mente se mueve en silencio, y una casa sin puertas y la lenta figura de una adolescente cuya piel besa mis llagas y se pierde en la madrugada vestida de terciopelo, de ruina y fuente romana.
Para José María Álvarez, que siguió un nobilísimo ejemplo de vida: siempre literatura y arte
Noche cálida, norteña, de uva dorada de agosto. La Luna es una sombra de bicicleta luminosa rodando por el cielo, un hada viva, redonda y pálida, en el fondo del río…o de tus ojos. Acabo de leer la biografía de Wittgenstein de Ray Monk; mientras escribo esto, Wagner -Wotan y Walkyrias temblando como muchachas rubias. Soledad drástica en la aldea. ¡Si no fuera por la gente! En todas partes estorban. Lo enredan todo. Las leyes comidas de ratones. El burócrata, una lombriz sermoneadora. El político, una corrala de cerdos y escorpiones. ¡Si no fuera por la gente! Las barbacoas con sangre de erizo. Las casas con jardineros tontos. ¡Si no fuera por la gente y sus novelistas preferidos, preferidos por ellos y por el estado! *** Noche que desvela con su calor. Noche triorquídea. Serrallos de estrellas como granitos de café brillantes. Paseo por la biblioteca: “De triplici vita” de Ficino, Tolstoi, fresca gravilla glacial veteada de aguanieve, Kavafis, maga nutria marina donde irrumpen cúpulas celestes, Stendhal, coronel de labios rosas, Platón, luz imperial que al alba certifican los gorriones, Nabokov, hollín y marroquinería. Qué plácida mi vida en el campo de lector y poeta. ¡Oh noble caballero del castillo sin ambición social! ¡Oh Alteza Real con malvarrosa en su feudo: tienes vodka frío en la mano, y mañana comerás lasaña de hongos y foie, gratinada al Champagne y cenarás bogavante asado con verduritas y salsa Thermidor! ¡Si no fuera por la gente y su gueto de Varsovia! Te asombra y desconcierta Mozart, la K. 413 está inundada de luz y sombra como una tarde de primavera. Como dijo el gigante poeta: “¡qué vida tan ilustrada! ¡y en estos tiempos!” Te vuelves hielo y hoja en esta aldea que desaparece, hidalgo rural, bulliciosa guirnalda a quien entusiasma la inteligencia de Álvarez, Shaw, Conrad, Dinesen, Plutarco, Sexto Empírico, Gracián, Voltaire… Te horroriza el siniestro vacío de la incultura. *** Oh vida verdaderamente pacífica y tan parecida a la vida celestial. Mejor que cualquier otra vida, exenta de afanes y prisa, capaz de abrazar tantas delicias, donde se encuentran el silencio y la pausa. Una vida que reforma el alma, que repara las costumbres, que renueva los sentimientos, que limpia las manchas, que llena de dulzuras los recuerdos. Aquí está el espíritu de mamá, estimulando mi alma afligida. En mi despacho medito, al pasear con la perra ejercito el cuerpo. Una vida filosófica, poética, profética. Estimados lectores, ustedes –muchos- no pueden gozarla: lo siento. Con palabras de Cicerón que siguió Agustín: “Lo que nosotros llamamos vida, solo es la muerte”.