Ultimus Romanorum

Ultimus Romanorum
De «El falso aristócrata»

 
Los pliegues adiposos de tu nalga me ponen.
Como los gordezuelos lunares de las tetas.
Igual a los granitos sangrantes si recién te depilas.
Para mí eres una chica llamada Música
con perfecto ritmo sonante en cualquier antro o local.
Eres una chica para mí llamada Pájaro
que nunca se posa en bosques de ceniza o neurótica niebla.
Endiosada como la Verdad de un poeta dormido.
Querida, hagamos el amor en lugar de hacer dinero;
quememos cartillas y tarjetas bancarias
y encerrémonos en una buhardilla con gatos y libros viejos
sin levantarnos nunca del jergón.
Hagamos sexo con luna y sol,
mil días, mil noches, mil y una noches.
Que las lenguas vagabundeen por ociosos veranos.
Que también nuestro amor haraganee plácido
e irreal bajo palmeras tropicales.
Seamos los últimos romanos ante el patente declive y caída del Imperio.
Y que los arcángeles muy envidiosos publiquen nuestras palabras de agua.
Pues amor sin pecado es pecado de no amor.

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