Lacayos

LACAYOS
De “El falso aristócrata”

 

 
El hombre prefiere ser igual a otro;
es la seguridad de la oveja obsesiva.
Pero el Individuo, con su aire lobuno,
toca el organillo de las noches ligeras y heroicas
y vive intensamente su propia medida y aprecio.
La libertad ofende a la manada,
¡Dios, cómo os gusta ser gastada moneda común
y no óbolo o denario que entra solo en Casa de Lúculo!
Dios, qué pazguatos que en covachas os recluís
(nulas cosas divinas para admirar y contemplar
obligan los Negros Señores del Aire)
despreciando el monte de los palacios nocturnos.
Todos igual a todos, nadie diferente a nadie,
vuestro corazón un timbre agudo de tambor frenético
en congelados planetas donde no cae el sol.
Sucinto y breve: cómo os gusta ser lacayos.

Solo podréis legar la nada a nadie.

Solo legaréis a nadie la nada.

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