Le pido a la Navidad, al Año Nuevo, a los Reyes Magos, que mi espíritu no caiga en el estupor y la melancolía. Cito a Lucrecio :
«La razón se perturba en las dolencias / del cuerpo muchas veces; se apodera/ del alma la demencia y el delirio; / y a veces un letargo profundísimo / la hunde en un sopor alto y eterno».
Le pido a la Navidad y al 2020 y a los Reyes que me eviten ese «aeternumque soporem», letargo o sopor o aturdimiento eterno, que no se ensañe ni enseñoree conmigo la tristeza, e, imperecedero y gozoso, vuele en Arte, Sensaciones, y Amor.
Y salud, salud, salud. Que ya van dos infartos.
