
Tras salir del manicomio,
aunque me cueste leer y me asole la acedía,
he decidido construir un palacio de hadas
con pensamientos hermosos,
amueblar mi mente de brillantes fantasías,
de recuerdos satisfechos e historias nobles,
he decidido construir una casa de tesoros preciosos,
sin que me turbe la patológica y yihadista soledad;
una casa construida sin manos pero donde viva muy feliz mi alma,
una casa de puertas elíseas con alma de luz de cima.
He sufrido demasiado.
Ahora quiero vivir como un pájaro,
y, como un pájaro, alimentarme frugalmente de blanco sésamo,
adormidera y menta.
Sean estas las últimas palabras que escribo,
y llegue la paz a mi desnudo y cardiópata corazón.

Haz lo que quieras. Pero que no séan estas las últimas palabras que escribas
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