Maradona

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Creo que fue Hölderlin -cito de memoria- que dijo que de la pura inteligencia no brotó nunca nada inteligible, ni nada razonable de la razón pura. He pecado en mi vida -y poesía- de un moralismo burgués rancio y chato, acaso como una psicoanalítica fantasía de amor compensatorio por lo mucho que hicieron sufrir a mi papá mis desorganizados límites y mis palacios del exceso. César Aria escribió hoy en frase feliz que admiraba al Maradona drogadicto y que poco le interesó lo que hizo en la cancha. Baja esta boutade o paradoja creo que late una profunda verdad; los dioses manchados de barro fulgen con una incandescencia de la que carecen los dioses apolíneos. D.E.P. pibe.

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