
En mi pene corre la circulación sanguínea de las galaxias.
Mi mente deshace las uñas y el zinc, levanta el horizonte del mar.
Mi boca engulle ese papel de inodoro de la hostia eucarística.
Mis ojos rajan montañas como un débil y andrógino espejo.
Me maravilla mi indecorosa libertad,
me maravilla que las estrellas sean de mi exclusiva privacidad,
que solo tenga una barca, una cabaña y ningún gobierno.
¡Rotación de Plutón y Orfeo en mi arco y mis brazos!
¡Misteriosa palabra que brama a sultanes y príncipes ensangretados!
Aunque mañana me saquéis la camisa de fuerza
seguirán conmigo los unicornios.
