Diario

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(i) “La mejor educación para los mejores es la mejor educación para todos” Robert Maynard Hutchins

(ii)

-La mayoría de intelectuales somos más inteligentes que el pueblo

-Supongo, en mi modestia de orate diletante, que usted no se cree absurdo al denunciar que la mayoría de la humanidad está por debajo que la media de la humanidad. La mayoría de intelectuales no son más altos que la media de altos de una muestra estadística significativa. Inteligente significa “más capaz”, como altura significa “más alto”. Supongo que es absurdamente estúpido decir que la mayoría es estúpida de un modo literal. Se admiten retruécanos retóricos en la mención del término “estúpido” (provocación, sarcasmo, burla, ironía, juego, parodia, admiración por esa misma estupidez, etc etc…) Lo que no dudo es que la mayoría de intelectuales varones heterosexuales les gustaría sobremanera haberse tirado a las acémilas que se ha tirado Rafa Mora.

(iii) Las artes y poderes del desdén son típicamente juveniles. Yo las uso y acepto o bien como máscara autoparódica o bien como heterónimo con mi paradójico propio nombre y apellidos. Lo repito periócamente para así no confundir.

La mayoría no es más tonta ni más inteligente que la media de tontos e inteligentes repartidos entre la población, pueblo, gente o populacho o chusma.

Un joven puede creer putrefacto a lo que él juzga una vieja gloria artística. Supongo que este freudiano desdeñar como un adolescente al padre o abuelo es incesantemente inevitable. Pero los poetas son descubridores y los científicos inventores. Un poeta es como un matemático (a diferencia del resto de los científicos); existe un reino platónico de teoremas geométricos y algebraicos. Se descubren -ya están ahí, intemporalmente, preexistentes- y no se inventan. Un poeta descubre, hace explícitos, los implícitos populares. Los sutiliza. Lo matiza y deduce consecuencias y observaciones laterales. Obviamente el desdén pseudoadolescente es un tema literario pues pertenece a una fase del recorrido humano.

Como conservador creo que los tópicos conseutudinarios, lo informal y espontáneo cristalizado en preferencias, valores, temores y jerarquías, tienen más verdad que los hallazgos vanguardistas radicales o los proyectos políticos de educación impositiva o ingeniería social. “Mi perro es noble y fiel y bueno” es una proposición popular. “Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro” de Franz Kafka, es una sentencia que amplia otros matices, pero que también incluye la sabiduría de sentido común.

Un poeta o escritor o artista elabora metáforas explícitas de implícitos (la libertad, el deseo, el amor, la soledad, la muerte, el placer). Evidentemente puede -incluso es deseable- que vaya más allá del punto de partida, y aporte una visión o punto de vista a la vez común y original, incluso muy original. Un científico elabora ecuaciones implícitas, es decir, inventa, pero es un invento no arbitrario, sino que sigue las reglas, el patrón de la realidad. Lo que Belén Esteban es al poeta, lo es la realidad al científico. Pero el científico para modelizar bien necesita acudir al amplio repertorio de las estructuras del universo matemático. Ni la realidad ni Belén Esteban tienen por qué saberlo.

(iv) “Para tener buena salud lo haría todo menos tres cosas: gimnasia, levantarme temprano y ser persona respetable” Oscar Wilde

(v) Ni fumador ni bebedor, dijo mi médico. Ya encontraré algo que prohibirte.

(vi)

El pequeño Nicolás

Usted es pía

tó lo sabe de radio María.

No le envidio

el fatal destino

de joder al vecino.

Usted es pía

musha mariconería.

Viva España, viva el bien

y amén, amén, amén.

(vii) LE MOT JUSTE

El primer cuento que escribí fue con once años. El primero y creo que el mejor. PERO nací al modesto oficio literario mortificado por la crítica. A la maestra -juraría- algo le gustó. A mis compañeritos “rien de rien”. Todavía recuerdo su estupefacción, aquel helador y lacerante silencio.

Décadas después, y pese a ser poeta no édito (como fui y seré), en una lectura poética en Manresa, y al no gustarme el público, me comporté maleducada y “punkarramente”. Tiré de repertorio de plagios y provoqué al auditorio biempensante con una batería de perlas del estilo “Estimadas damas, ¿son ustedes tan humildes y pobres de espíritu, tan absolutamente tímidas y aguachirles que se limitan a cuatro amantes?”, o bien, “Les contemplo como un lindo rebaño de borregos. ¡¡Qué hermosa mayoría con indefectible futuro!!”

Que Dios me perdone.

(viii) ” Querida condesa Baschi:

Lo que voy a contar no es precisamente poético. El marqués de R. , que, como usted sabe, no es precisamente muy delicado en sus gustos, pasó ayer la noche con una comedianta y, al final de la cena, estando los dos…encantadores, el marqués no encontró nada mejor que desvestir a su Venus, y, preparando una salsa para espárragos, la colocó en un lugar que no voy a nombrar y que usted comprende, y se dedicó a comer los espárragos mojándolos en su salsa. Parece que le gustó. ¿Qué piensa usted de ello? Espero su respuesta pero, por el momento, no puedo dejar de reírme de un placer tan original.

La marquesa de Pompadour “

(ix) Los médicos le decían al viejísimo (y enfermo) cardenal Richelieu -el mayor estadista de su época; ojalá lo hubiéramos tenido nosotros en lugar de Olivares- que su vida interesaba sobremanera al cielo y que el Altísimo obraría un milagro para curarle. Richelieau llamó a Chicot, médico del rey.

-¿Viviré o espero y me preparo para la muerte? Deseo una respuesta de amigo.

-Dentro de veinticuatro horas Vuestra Eminencia estará muerto o curado.

El cardenal sonrió satisfecho (había entendido inmediatamente) pero poco emocionado.

Murió a las veinticuatro horas.

(x) “De las damas que llaman cortesanas que todas o las más tienen más de corteses que de sanas” Cervantes, El licenciado Vidriera

(xi) “Joan es una chica indescriptiblemente dulce. Una mezcla de fragilidad e indestructabilidad. Yo la amo. Y sé que ella también me quiere a mí. Dijo que descubrió la oración leyendo mis libros. Hablamos de mi amor por M.”

Thomas Merton sobre Joan Báez, en “The Intimate Merton”

(xii)

XLVII

LEER CON SOSIEGO

Solo hay un libro que pueda leerse con sosiego. Es el Libro de la Vida, y solo tiene una línea: Electus vel Damnatus.

Léon Bloy: Exégesis de los lugares comunes, Acantilado, traducción de Manuel Arranz.

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