Tiranía de la moda

Photo by Artem Beliaikin on Pexels.com

Las nuevas categorías de pensamiento y asociación no prescriben lo alto versus lo bajo, lo refinado frente a lo romo y vulgar, la calidad en oposición a la popularidad, la alta cultura frente a la masscult o midcult.

Las anteriores son categorías victorianas, y quienes las defendemos unos dinosaurios del pleistoceno. Hoy todo gira respecto al vector de lo cool ante lo square -carroza-, lo muy hot como opuesto a lo demodé. El arte, el sexo, la política, la literatura, la moda, los productos, las estrellas del celuloide o del rock, o de la pantalla o de interné, las películas, el comercio, el debate, la poesía, el marketing, las nuevas tecnologías, todo se reordena en un campo como de celebrities donde estás in o bien out.

La sofisticación intelectual nada tiene que ver con estos nuevos modos de ambición moderna. La figura del crítico o intelectual es como la de alguien con polainas y peluca empolvada, levemente -o claramente- ridículo, y que se sustituye por el agente del entertainment.

Vivimos en el capitalismo hip, donde reina la velocidad, la notoriedad, el buzz y lo cool. La jerarquía y la clasificación son una figura arrumbada, como la economía feudal o la techumbre de paja, o los sombreros para los hombres. El futuro es Shakira y Piqué, y la decadencia es Henry James o Michelet.

El nuevo gobierno -ya muy antiguo, todo “rula” a lo bestia- de Sánchez es un inequívoco ejemplo de esta estetización espectacular de lo público y su discurso. Sobran un Saint Simon, Talleyrand, o un cardenal de Retz, pues ¿no molan más acaso los astronautas y las vaginas múltiples? La nueva literatura de las redes es otro ejemplo; ¿a qué Cernuda o Auden si Irene X o Elvira Sastre arrasan de likes en su Instagram?

Taine declaró: «Un escritor necesita quince años para aprender a escribir, no con genio, porque eso no se aprende, sino con claridad, ilación, propiedad y precisión. Y es porque se ha visto obligado a sondear y a profundizar diez o doce mil palabras y expresiones distintas, anotar los orígenes, la filiación, las relaciones entre ellas, para volver a construir, y sobre un plano original, todas sus ideas y todo su espíritu. Si no, tantea y tropieza; se embaraza en las grandes frases vagas, en los lugares comunes sonoros, en las fórmulas abstractas y rudas».

La fraseología, el tono, el vocabulario, el mundo subyacente, la ironía, sus alusiones, el rigor, lo expresado explícito e implícito en general, parecen compactamente ajenas en una época donde la inmediatez importa más que la merma expresiva que esa misma inmediatez provoca.

Yo mismo no meditaré nada este post. Lo que debo hacer es clicar «Publicar» … y voilà.

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