
(i)
Dice, ¡extrañas maravillas!,
que la felicidad conoció
porque con milagro se le concedió
Ayuso culo y pantorrillas,
…y de alguna Lolita labios y tetillas.
(ii)
En sus ojos laten curiosidad, legañas, razón y briznas de pasión,
en su olla gallina y oca de crujir bien salpimentada, y morunas lacadas,
a trescientos euros le cuesta escort de raso y almidón,
muchos euros la arañada, casi el doble un gramo la piel bronceada;
que perdone Dios a este putañero saltando de mujé en mujé:
negóse oír al diablo (y a la banca) murmurándole «no pué ser», «no pué ser…»
(iii)
No fue buscón callejero, sino mancebo clérigo
que en biblioteca a un florido gay trinar
dedicóse, y alguna yegua enhebrar, o a VOX votar.
¿Su felicidad arrepanchigarse en el boñigo?
Pero ¡si leyó a Tácito y Plauto, y se descojonó
con tuits de Errejón Iñigo!:
y no escribió el arte que pretendieron
los que el vulgar aplauso inventaron,
no le pagó el vulgo, fue justo
no hablarle en necio pues pá darle gusto.
Escribió torcido con cerebro robusto
-eso creyó, justo o injusto-
y escupió al mandril lecho de Procusto.
Y acaba ya su canción
con dos ideas casadas en una opinión,
dos ideas que son
además de ripio del montón
la dorada soledad, el divino ron;
solo fue un soñador que soñó a piñón
un pay pay abanicándole el corazón.
