Habla John Clare
La noche despide una fragancia a fresa silvestre,
ladran los perros a la Luna, el vilano vuela,
las estrellas son oro y amarillean la hierba:
…otoño, en estos campos veo el espectro
de la Roma de Augusto, la riqueza del ruiseñor
en las afueras de Atenas; adonde quiera que mire:
vigor y curiosidad de los Médici, la niebla
enterrada tapando las cruces del cementerio,
cercados por el trabajo pulidos, herramientas de
madera en el cobertizo, y ternura
de la iglesia engalanada, y placer, dolor y gozo
del cielo meditando el esplendor de la hierba
y la gloria de las flores. Helechos mojados de lluvia.
Cuanto concedemos a la Inteligencia procede de la Luna.
Yo, John Clare, poeta y loco, mi futuro confío
a estos valles, y testimonio con dulzura
el sueño de mi infancia. Mi cerebro pueblo con maderas,
pobres hojas y rocío, atestiguando así en mis poemas
amor y soledad, amor, soledad, soledad y amor.
