¿Para qué sirven las humanidades?
Seres huecos, rellenos de alfalfa,
imágenes de destinos execrados
y atiborrados de ruido ¿Cómo evitarlo?
Rehuyendo ideas que pertenezcan
al mundo del poder y la utilidad,
evitando rumiar ideas masticadas desde fuera,
yendo a la busca de un destino intelectual
para poder conversar contigo mismo,
y así tejer el búfalo amarillo de una individualidad.
Teniendo conocimiento de lo que es importante
mediante el uso asiduo de los mejores libros y el gusto
educado en el sentimiento, y no siendo
lacayo de las obligaciones del mercado o la moda.
Entonces la fauna visionaria de tu espíritu
como una oración que oyen dragones
adquirirá la forma vaga de una dulce, bella sirena,
y olvidará desdeñosa a los pobres chacales del páramo.
La gala de la vida es un estudio perenne.
Y el fruto del ramaje, la autumnal poesía,
el devoto diálogo entre lo abstracto y el detalle,
la literatura, el arte, la música,
la esbelta y grácil o eclesial filosofía.
La cura del espíritu vive el profundo sueño
de la biblioteca. Cura más vasta y bruja
que horas nacientes en encrucijadas. Cruza el umbral,
lector amigo. Florece en la altura de la razón
y la metáfora. Conversa con el pensamiento
en amistad augusta. O serás hueco y sombra,
el erial en un templo desmoronado,
delirio insulso e insípido que evocan
los fantasmas inarmónicos del insomnio.
