A M., hereje y apóstata

Vive en una buhardilla atestada de libros,

olor a caoba, y repleta de gatos.

En su juventud amaba los viajes,

con dandis conversó en el Orient Express,

defendió la misa tridentina,

y contempló los últimos fulgores de Bernini.

Lo que de veras fue suyo fue

el rococó, los cafés y el Ancien Régime.

Honor y gloria para estas palabras:

La serpiente dijo: vuestros ojos serán abiertos;

ya nunca más quiso volver a dormirse

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