Libro dos desabafos 66

Narcisos de la imbecilidad, miradles en los cafés, centros comerciales, alamedas de los jardines públicos, bulevares, sobre fondos sulfúreos y anaranjados, son la muchedumbre que contempla a la muchedumbre como un río que les devuelve su propia imagen. Labran su patrimonio con compulsión y esmero, pero no dejan rastro alguno de obra delicada. Esos horteras “rat county”, o “encore un comte rata”. Su fraseo griposo me enerva. “Nolite te bastardes carborundorum”, no dejes que los bastardos te carbonicen.

¿Saben esos guaseos en la cabeza qué es “le mervelleieux”, “l ´admirable”, “le suprenant”, “l´etonnant”, lo que “enleve”, “ravit”, “transporte”? Como dijo Balzac, en Le Figaro, el 17 de octubre de 1861: “Uno no se hace Brummel. Lo es o no lo es”.

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Citado en Hrotsvita: Obras en Migne, P.L., t. CXXXVII

En el siglo X nadie sabía que Terencio había escrito en verso. La monjita Hrotsvita escribió sus comedias en prosa, pero su corazón también le llevó al remordimiento: «Frecuentemente me siento enrojecer de vergüenza y de confusión, porque no puedo emplear el estilo teatral sin imaginar y describir la detestable locura de los amantes criminales y la impura dulzura de conversaciones que nuestros oídos deberían negarse a escuchar; pero si hubiera evitado estas situaciones por pudor, no habría alcanzado mi objetivo, que era demostrar la gloria de la inocencia en toda su claridad«. Hrotsvita, encima, estaba acorazada frente a la crítica. Escribió: «memetipsam tamen iuvat quod feci«, «si mi manera de alabar lo gracioso no gusta a nadie, me gusta a mí«

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