Acaba el día. Día inelegante en las líneas, pesado y tosco, con una falta de soltura alarmante, sin brizna de desarrollo de maestría; altanero y afectado.
Día banal y peyorativo. Con impresión de saciedad. De ejecución imperfecta, imprecisa y sin rigor; todo como una especie de chapucería.
Ya es marzo, vamos. Es tiempo de emigrar a Antioquía. Donde saltimbanquis helados penetren en el secreto.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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