
CONFESIONES DEL PASEANTE SOLITARIO
De pronto la súbita pudrición de Alejandría,
llagas donde queman gotas de sal,
viento de piel de asno en la tierra,
y el “Sé feliz” o maldiciones similares
en las calles mientras se bambolean las voces
en mi cabeza: corren mis lágrimas por los dedos.
Durante veinte años -dislocados fémures-
no hay día que no pensara en suicidarme.
A todos os diré la verdad: todo lo odio.
Manchas de esperma en la colcha, el cenicero
a rebosar, soledad y manicomios. Los libros
son un montón de mierda que en lugar de
juicio, largueza, mérito y valor, me dieron
desiertos inmóviles. El hombre es una rata.
Nada encuentro grato sino el fin.
