Diario de Aquitania 5

(monólogo de mono loco o el cerdo en la zahúrda)

“O mezquíno, y quanto me es agradable de mi natural la solitúd, y silencio, y escuridad!”, leemos en “Calisto y Melibea”. Solitud. Monólogo del mono loco cuyo eco se oye en un inmenso valle de luces resplandecientes… y tantos miles de hombres que deslumbran abajo.

¿Fueron entendidas mis obras? Lo que no fueron son leídas. Nadie me escuchó. Nadie quiso aprender de mi modesta ciencia. Escribo y engordo. La gordura me enfada, pero es inevitable. Meo, y mi pija, un pececillo doméstico, casi debo imaginármela.

Los vecinos se fueron de bureo. Escribo, zampo y engordo. Capón cebado, manido y con grasa amarilla; jamón en dulce, con costra de azúcar tostado; natillas, arabescos de canela; tarta con sus cimientos de almendras, sus torres de piñonate y sus cresterías de caramelo. Soy un cerdo o angelote gordo y abotagado que ya no se ve la pija al mear.

Ya saben: tres, cuatro, cinco días de ver fútbol y, luego, que si una pizza con la peli, que si unos cubatas el sábado, que si alguna palmerita de chocolate o bien donuts, y unas bravas con el aperitivo del domingo, y si tiene ataxia espinal no tome cervezas, pero un blíster de algo o un porrillo… «Que no pasa nada, que luego el lunes empezamos el régimen. Que la vida está para disfrutarla».

Vida en el subsuelo. Escribo y engordo. Cafetines de barrio obrero. Metro de madrugada. Ferino rostro de hampón. Frascos de Rivotril. Monja de clausura. Calzoncillos con manchas de lefa. No me veo la pija al mear. Tierra relente. “Torbs dorments”. Imagen de un mono loco en el sueño oscuro. Escribo y engordo. Residuos de la feria. Perros buscavidas. Mondas de fruta. Excrementos en la loza. Caligrafía que se borra. Oquedad. Engordo, engullo. Migas por la sábana. “Desorballar os prados”. Etumina 40 miligramos Comprimidos. “Politically minded”. Página todavía en blanco. Gordo como un cerdo en su pocilga.

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