CONTRATAPA A “DIARIO DE AQUITANIA” QUE SE CONVIRTIÓ EN POSTSCRIPTUM DE «DIARIO DEL ZALAPASTRÁN»

Cuatro eran los géneros de la elocuencia según Macrobio: sobreabundante, conciso, descarnado y ampuloso ¡Hay que ver las angustias que pasamos los escritores! Uno se tambalea por una palabra, una frase, incluso por una letra, que puede herir con aspereza el oído.

Quisiera ser recordado como escritor. Pese a que vacilé -vacilo y resbalo todavía- demasiado en poesía y prosa ¡qué difícil es escribir! Ya lo advirtió, y solo gramaticalmente (el nivel más elemental) Prisciano: “Praeteriti perfecti multiplices et variae sunt regulae”. Aún con suma inteligencia tu libro puede escamotear temas y designios fundamentales. Permitan pues que me refugie en Séneca: “Nimis anxium esse te circa verba et compositionem, mi Lucili, nolo: habeo maiora quae cures. Quare quid scribas, non quemadmodum” (“No quiero, amigo Lucilio, que estés demasiado angustiado sobre las frases y la redacción: tengo para ti preocupaciones más importantes. Busca qué escribir, no cómo escribir”)

Las letras son de pocos, la vida de todos. Y la mía temo acabará en breve. Mi alma, esa hipóstasis, ese mito, cuando menos, empieza a tranquilizarse y aquietarse, lejos de pasiones juveniles. Valga yo mucho o valga poco, sigo vivo, y me ufano de despreciar al mundo.

Pero se lo confieso: nunca desprecié a todos, nunca los desprecié (antes al contrario) ni me puse a mí mismo por las nubes. Eso solo fue una máscara literaria, una figura retórica. Me gustaría, insisto, que me recordaran como escritor, un escritor menor, pero escritor, un escritor empujado por la lectura de libros de brillos eternos. Mi obra no fue más que una minúscula pulga a lomos de un elefante.

Estoy enfermo. Juan de Valdés escribió sobre ello: “La enfermedad, en cuanto aflije i atormenta al cuerpo, no hai duda sinó que es mal, pero en este mal no hai porqué vos os hayáis de perturbár ni atemorizár, siendo zierta que tanto, cuanto será más marchita vuestra carne, será más gallardo vuestro espiritu; i pues vos tenéis intento al espíritu i no a la carne, no hai porqué os haya de perturbár la enfermedad”. Linda ciencia ficción. Que los gusanos se den un pantagruélico festín con mis carnes. La Nada será.

Adiós y felices años.

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