
Sánchez pasará, y el sucesor de Sánchez, y el sucesor del sucesor de Sánchez. Todos los poderes son perecederos y no hay gobierno sin final. Sin duda es cierto aquello de Tácito: “Omniaque orta occidunt et aucta senescunt” (“Todas las cosas que nacen y crecen, mueren y envejecen”)
La cabeza del mundo no es Sánchez, no es el astro rey de las constelaciones, solo un nombre y un hombre, que no merece un religioso, acrítico y servil acatamiento. La usurpación (inmoral, pero legítima), corrupta y con mala fe, del ejecutivo, dentro de un tiempo en agraz que profetizo próximo, provocará su caída. España necesita despertar mediante una acción inteligente y enérgica de la oposición.
De Italia (y en especial sobre Roma) pidió Petrarca: “No espero que ya nunca más de su perezoso sueño mueva la cabeza aunque alguien la llame, tan corrompida y oprimida está y en tal grado […] Si ponemos las manos en su venerable cabellera las desgreñadas trenzas rebosan desidiosas de fango”.
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Ortega: «Gravitan sobre nosotros tres siglos de error y dolor… España es un dolor enorme, profundo, difuso». Y, sobre lo que España debe ser: “Necesitamos transformar a España, hacer de ella cosa distinta de lo que hoy es ¿Qué cosa? ¿Cuál debe ser esa España ideal hacia la cual orientamos nuestros corazones, como los rostros de los ciegos suelen orientarse hacia la parte donde se derrama un poco de luminosidad?” “Que nuestras voluntades, haciéndose rectas, sólidas, clarividentes, golpeen como cinceles el bloque de amargura y labren la estatua, la futura España magnífica en virtudes, la alegría española”.
Según V. Camps: «El mayor mérito de “La España invertebrada” fue atribuir la desvertebración de España y de Europa a la desmoralización colectiva”.
España sigue siendo el país más anormal de Europa. Aquí se ha producido tradicionalmente una selección inversa, es decir, se han elegido a los peores frente a los mejores, y se hace necesario -antes y ahora- formar minorías selectas que promuevan un futuro mejor para el país. Pero eso no se adivina de ningún modo. Nos gobiernan -a diestra y siniestra- los peores.
¿Algún día saldremos del fango? ¿Quién desea que España no tenga éxito? ¿Por qué nuestra historia se parece tanto a una agitada epilepsia?
