
Regreso de Orense, harto de tiendas, harto de farfullar huevadas aniñadas en la tertulia, harto de callejear, cansado de las lucecitas de Navidad. Harto del aire laminado de la aldea, del olor a eucalipto, del frío, cansado de vivir en el confín de una colina demasiado verdosa.
Pero, para mi salvación, cae en mis manos la opulencia clarividente de mi añorado maestro Álvarez.
José María Álvarez, “Yo, Talleyrand (El manuscrito de Palermo)”, Planeta, 1994, pp. 196-197:
“Creo, querido Thiers, que la primera exigencia sine qua non de un político, y por supuesto no creo que los tiempos hayan desechado esa obligación, ES QUE NO ES CONCEBIBLE SIN UNA ESMERADA EDUCACIÓN Y UNA EXCELENTE CULTURA. Debe haber leído a los clásicos. No sólo es absolutamente necesario, sino que su falta resulta peligrosa. NI AYER NI HOY ES CONCEBIBLE UN GOBERNANTE QUE NO HAYA MEDITADO LARGAMENTE AL MENOS SOBRE LA OBRA DE PLUTARCO, TÁCITO, SUETONIO, POLIBIO, TUCÍDIDES, ISÓCRATES, Y SIN DUDA MAQUIAVELO Y OTROS NO MENOS NOTABLES HISTORIADORES Y CRONISTAS. LEÍDO Y MEDITADO, Y DISCUTIDO, Y ACOSEJÁNDOSE DE HISTORIADORES.
QUÉ FATALES CONSECUENCIAS CUANDO EL PODER PUEDE CAER EN MANOS INCAPACES. Es quizá el más delicado de los instrumentos. Y sólo deben tocarlo maestros; aquellos conformados a partir de unas cualidades suficientes. Una sociedad tiene sus mecanismos, y esos mecanismos admiten afinación, son perfectibles. Esa tarea tiene una línea maestra, el equilibrio. HAY LEYES NO ESCRITAS QUE NO PUEDEN TRANSGREDIRSE, PORQUE ESTÁN EN LA SANGRE, PERO JUNTO A ELLAS EL ESPÍRITU DEBE SER LIBRE EN SU ENJUICIAMIENTO, EN SU ANÁLISIS DE LA REALIDAD; SOBRE TODO HAY QUE SER GRANDES REALISTAS. PACTAR, PERO QUE LOS COMPROMISOS NO SEAN NUNCA FORMAS ZAFIAS DE GANAR TIEMPO, SINO RETOQUES MAGISTRALES EN UN SISTEMA DE EQUILIBRIOS. Y no olvidar jamás, Thiers, aquella máxima, “El hombre es la medida de todas las cosas”; crear política a esa escala, teniendo en cuenta nuestras cualidades, grandezas y miserias, NUESTRA NECESIDAD DE LIBERTAD, PERO TAMBIÉN NUESTRA EXIGENCIA DE ORDEN, DE LIMITACIONES”.
Maestro, ¡le echo de menos! Ese diamante dentro del agua, que dijo Rubén, de su inteligencia, los volteos de rayos al mediodía de su poesía. Me acompaña su literatura.
