Diario de Aquitania 46

[Pessics de monja I]

E. Garin, escribió en su artículo «Le elizioni e il problema dell´astrologia», p. 17: «La visita a un astrólogo era para aquellos hombres, como la detallada visita moderna a un psicoanalista. Ambos cometas dejaban la misma estela».

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Pierre Hadot incluyó en sus ejercicios espirituales ese estado de lectura profunda, ese examen del pasado y el presente con vistas al futuro, el observar el mundo desde un panorama o una perspectiva universal. Como un fluido róseo «llambregant el silenci còsmic polièdric»

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Vi -hace décadas- moscas en las tabernas de un Madrid poblachón, un Madrid de esquinas arrugadas, lleno de paisanos con mal de orina. Una ciudad hierática, cobriza y hombruna.

Barcelona -la conozco muy bien- es un decorado, un frenesí de horarios japoneses, algo de malnombre llamado «romántico», que diría D´Ors.

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David Garnett, estudioso de la botánica y ser extraño, un tipo de ozono, abrió una librería en Garrat Street, en el Soho. Mi vocación no es la de escritor (mis libros son delgados, rojizos y tísicos), sino de astronauta. Escribo mamonadas. No estaría mal un tomito sobre Giorgione, Al-Karayi o Eduardo Mier y Miura.

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Burke: «El oficio de peluquero o del que hace bolas de sebo no puede ser motivo de honor para nadie, por no hablar de otras varias ocupaciones más serviles. Todos esos hombres no deben sufrir opresión por parte del Estado, pero el Estado sufrirá opresión si se permite que ellos gobiernen».

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La mastodóntica organización «Modern Language Association», en recientes convenciones, anunció mesas redondas sobre «Imaginación clitorídea y masturbación en Emily Dickinson» o «Salir del armario como mujer obesa». El estampado de todo ello es como si nuestra maltrecha civilización no cesara de tomarse cápsulas de cianuro. Asistimos al diario espectáculo de perros despedazando criaturas.

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El deterioro de la Hacienda pública española no se inició con la pérdida del Imperio. Fue continuo desde fines del siglo XVIII. En el pasado, emisión de Vales Reales, en el presente, emisión de Bonos del Estado.

Los españoles, estoicos, resignados, no nos queda otra que hacer como el Chichibio de Boccaccio: convertir la ira en risa.

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Ana Maria Ortese en «Silencio en Milán» apunta: «Feliz aquel que tiene cosas que reencontrar». Yo, sin salud ni ingenio espontáneo, trabándome al hablar, sin ese espíritu envidiablemente vivo de algunos, miro mi cuerpo en sombra y nada reencuentro.

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Según probó Alonso Church en 1936, nunca existirá una máquina capaz de decidir si dos teoremas son o no deducibles el uno del otro…ni sentir el Vacío inmenso que al Todo purifica.

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La tarde se enteló. Detrás de la ventana «capcineguen» los árboles indolentes. Ah si pudiera evitar la argucia sutil de mi enfermedad que convierte mi corazón en un «corazón de piedra».

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