Diario de Aquitania 45

Dormí poco y mal. Mi carne, antes atlética, tira a flácida, la de alguien que no hace gimnasia, rostro blando, mirada ida, aura de tristeza. Nariz tapada. Garganta roja. Y lluvia. Y frío.

Se acerca mi invierno. La hora final. Conocí malos barrios y abrí las puertas doradas de algunos palacios. Rodeé plazuelas tranquilas y transité avenidas muy concurridas. Me enfrasqué en charlas con gentío vulgar, pero procuré no defraudar a los Grandes. Elegancia y necesidad me respetaron. Vi cielos cercanos, redondos, clementes, móviles y azules. Me enamoré de una muchacha y ella se enamoró de mí.

Ni Telemann ni Purcell me amargaron. A veces me comporté como un soberano que, saltándose el protocolo, abandona el palco y visita el “foyer” confundiéndose con el resto de espectadores. Sé algo de funciones, de conjuntos y de ecuaciones. Degusté piernas de cordero al romero, me apasionaron jacintos y anémonas, comí las mejores ostras y las sabrosas setas de Saboya.

Se acerca mi invierno, mi último sueño. Ya tengo decidido el ritual de mi muerte; al llegar, me limitaré a pensar con Fletcher:

CARE-CHARMING SLEEP, THOU EASER OF WOES,

BROTHER TO DEATH, SWEETLY THYSELF DISPOSE

ON THIS AFFLICTED PRINCE.

Deja un comentario