
(Credo quia absurdum)
“Visitad las calles de una ciudad populosa, contemplad el continuo flujo de energía humana y la interminable variedad de iniciativas y caracteres, y quedad ya satisfechos. Los caminos -acera y calzada- están repletos; multitudes van de un sitio a otro, cada persona a su asunto, o se detienen inactivas y curiosas, por falta de trabajo, para ver y ser vistas, por diversión o con deseo de presumir, o bajo la excusa de una tarea. Los carruajes de los ricos se mezclan con los lentos carromatos cargados de provisiones y mercancías, productos del arte y demandas del lujo. Las calles albergan tiendas innumerables que, abiertas y coloridas, invitan a los clientes. De vez en cuando se ensanchan en plazas o en lugares espaciosos con grandes edificios de piedra y ladrillo, brillantes al sol y rodeados de jardines alegres. Seguid en otra dirección y encontraréis sólidas fábricas donde se efectúan los trabajos mecánicos. El aire bajo está lleno de un ruido incesante y monótono, que penetra incluso en las estancias interiores de las casas e importuna los oídos en todo momento. El aire de arriba, saturado de humo, esconde el día de Dios a los reinos del tenaz y agotador esfuerzo. ¡He aquí el fin del hombre!”, John H. Newman.
“De verdad no hay con que Nuestro Señor más se huelgue que con la virginidad, ni tampoco hay con quién más placer tomen de conversar los ángeles que con las vírgenes. […] En los “Cánticos” está escrito “Nuestra hermana niña es, y no tiene tetas”. Sea aquella voz de Jesucristo, ahora de los ángeles; el ánima nuestra se dice en quien está aposentada la verdadera virginidad, de que el Esposo eterno está enamorado. Porque, según dice el Salmista, toda la gloria de la hija del Rey está dentro de ella, allí se halla el atavío precioso, allí el arreo de tantas virtudes como con piedras preciosas adornado. No te ensalces, virgen, porque tienes entero el cuerpo, si el ánimo tienes corrompido; no te ensoberbezcas porque ningún varón te ha tocado el cuerpo, si muchos demonios han entrado en tu alma; ¿qué aprovecha que tengas el cuerpo limpio, si el pensamiento tienes inficionado?”, Juan Luis Vives.
“Malalt fo l´amic, e féu testament ab consell de son amat. Colpes e torts lleixà a penediment, penitència, e delits temporals lleixà a menyspreament; a sos ulls lleixà plors, e a son cor sospirs e amors; e a son enteniment lleixà les faiçons de son amat; e a son remembrament la passió que sostenc per sa amor son amat; e a son negoci lleixà l´endreçament dels infeels, qui innorantment van a perdiment”, Ramon Llull.
“Ejemplos de propaganda del pecado: la enseñanza universitaria, especialmente de ciertas materias, donde se establece como sistema cualquier error, dándole crédito de novedad y carta de libre circulación; las poderosísimas centrales de la prensa pornográfica; los teatros, los cines, los espectáculos, donde tan a menudo se hace pasto deleitoso de toda violación de la ley de Dios; las escuelas de seudoarte, donde se enseña con el nombre de belleza la provocación de los sentidos; la banca y la bolsa, en las que tantas veces se compran y se venden las lágrimas y la sangre de los hombres […] Parece en verdad el reino del demonio sobre la tierra, que se había dado a los hijos de Dios”, Padre Lombardi.
“Si el dolor o el arrepentimiento de los pecados tiene por móvil el amor de Dios, entonces es perfecto, y se llama contrición. Si es movido por el temor de las penas del infierno o del purgatorio o por la misma fealdad del pecado, es imperfecto y se llama atrición. Para la confesión basta este último. No obstante, es muy conveniente procurar tener los dos, atrición y contrición, pues éste, como queda dicho, es más perfecto y más agradable a Dios”, Devocionario popular.
