
«El 30% de los estadounidenses leen a un nivel que cabría esperar de un niño de 10 años», Andreas Schleicher, director de educación y competencias de la OCDE.
Es una utopía imbécil creer que existe una frescura e inconsciencia indescriptibles en una persona analfabeta, una frescura intuitiva que humilla y se burla del poder del genio expresivo más noble. Como resulta que tantos votantes son analfabetos, imaginemos qué consecuencias tiene esto para el buen regimiento de la cosa pública. Debido a que tenemos una sociedad que en general es analfabeta en muchísimas áreas (ciencias, matemáticas, ingeniería, humanidades), lo que hacen científicos y escritores serios es un misterio aterrador para esa población. Ello crea oportunidades fáciles para que los opositores al desarrollo, las organizaciones activistas irracionales, fabriquen bulos y miedo, y oportunidades para que medre el arte más vulgar. Pertenece a todos, a pobres y ricos, analfabetos y educados, a todas las razas, culturas y naciones, el fútbol y Taylor Swift; no así la inteligencia. En fin.
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Hola, queridos:
Tras una vida de rechazos y repudios, me reconfortan sobremanera las felicitaciones de todos vosotros por mi cumpleaños. GRACIAS. DE CORAZÓN.
En la Ilustración, por decirlo con una imagen, pretendían que nos bajáramos de los árboles (la ignorancia) y entráramos en la biblioteca (el conocimiento) En esta Era Antiilustrada se pretende justo lo contrario, que salgamos de la biblioteca y nos subamos a los árboles. Nos rodea una mediocridad embarazosa y cruel; la medida del mundo es la más atroz medianía.
Mi propósito es que la Cultura no muera en mí. Os deseo que la Cultura también viva en vosotros. Es por lo mejor que merece la pena vivir.
No quiero ser plasta este día feliz. Permitidme acabar con unas palabras de Groucho Marx: “Recuerdo perfectamente la primera vez que disfruté el sexo. Todavía conservo el recibo”.
Un beso cariñoso a todos.
