
ESCRITO EL DÍA DE MI CUMPLEAÑOS
Rotos bronces, aleteos leves de ocas.
Mi mundo agoniza. Pasé temporadas en
colegios de Irlanda y París, y ahora estoy
enclaustrado en una invivible aldeúcha.
La escena se vuelve oscura, ennegrece
el cielo ininterrumpidamente lluvioso.
Veo mi antigua casa a través de boquetes;
drogadictos y mendigos frente a una cuba,
arrastran pesados libros y hacen un fuego
con ellos. Niebla y miedo en los labios.
Eterna soledad con amplia luz de invierno.
Una sociedad egocéntrica centrada en
el rendimiento y no en el saber, desarraigo,
depresión y ansiedad crónicas. Las bibliotecas
tapiadas con tableros de madera, hierbajos
y cañas en las salas de lectura, estanterías
y sillas antes elegantes, inservibles. Imaginé
un futuro muy distinto a esta desmemoria.
Para esto, para esta ignorancia y bajeza,
no me prepararon ni mis padres ni mi vida.
