
Para este 2025 deseo comer encima de mis libretas y realizar mis necesidades fisiológicas en una vasenilla dispuesta junto a la mesa del despacho de trabajo. Incluso, si recibo visitas, sea dentro de este paisaje surrealista, aunque, como es de esperar, el nauseabundo olor ahuyente rápidamente a los desprevenidos visitantes.
Ya ahora, ya en el ocaso de mi existencia, totalmente loco, producto de una larga y penosa enfermedad (probablemente esquizofrenia paranoide) quiero, sin embargo, no cesar de escribir. Y visitar con frecuencia bares, cantinas y burdeles, donde sea asiduo protagonista de riñas y escándalos. Incluso hacerme amante de una puta bizca y calva. Consumir coca y hachís en abundancia. Salir a la calle con una estola de plumas. Teñirme el pelo de color rosa. Insolente, responder con insultos a los elogios. Nombrar cónsul y sacerdotisa y diosa a mi perrita, hasta mandarle construir un palacio.
Yo, con los labios pintados de carmín y las pestañas teñidas con henna. Organizando banquetes donde servir gelatina con arañas y postre con excremento de leones. Llegar a las fiestas en carruajes tirados por mujeres desnudas. Y gozar de un gabinete o troupe conformado por atletas, borrachos, mendigos, bailarines y hasta boxeadores. Enviar emisarios por toda Europa buscando a los hombres mejor dotados y a hermosas mujeres vírgenes. Mis preferidos, los «onobelos» (que en griego significa: “con pene de asno”)
Estos son mis píos deseos para empezar el año.
