
HACIA EL PAÍS DE LAS LETRAS
Trazado parecía su destino,
envejecer, morir en su aldea
cuidando los montes y animales.
Pero un día un sabio tocó a su
puerta, y de sus labios oyó,
un mundo de imaginaciones,
palabras, tesoros y libros,
haciéndole soñar otra fortuna.
Dejó aperos y vacas, y se echó
al camino. Se hizo hombre,
conoció fuertes y fronteras,
champán rubio y mujeres.
Ensanchó vida y destino.
Oh tú caminante, que lees las
letras de esta tumba: atrévete
en el fragor riesgoso de la vida.
Escribe, hasta que sangres,
y los bosques unánimes te olviden.
