Maestro, su legado trasciende las palabras escritas en piedra. No pasan las palabras con que los Grandes recuerdan a los Grandes. Abramos sus libros; al fondo se ve el mar. Su espíritu poético vive en la memoria perpetua. LA HISTORIA CONTINÚA DE LUTO. Permítame reformular, con un vodka en la mano, el epitafio de Keats, para honrarle a usted: “José María Álvarez (1942-2024). Aquí yace Aquel cuyo nombre fue escrito en el Arte”.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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