
DAVID HUME, EN SU TOMITO “MI PROPIA VIDA”, NOS ACERCÓ UNA VERDAD PARA REFLEXIONAR LENTAMENTE: “SER NATURALMENTE ASÍ, OPTIMISTA, VALE MÁS QUE POSEER UN ABULTADÍSIMO PATRIMONIO”
Apenas veis aquí mi nombre y fecha,
y la sombra mortal entrelazada al jardín.
Marché hacia el Hades. Rociadme, pues,
con champagne sápido de pájaro. Caminante,
respeta estas piedras y no remuevas
mi espíritu. El sueño, tras el esfuerzo,
complace. La paz, tras la tormenta,
olvida miedos. Oh, Zeus, aíslame
del infierno con tus violines de agua.
¿Qué debo decir? Aunque no me fue
posible ganar la tierra, por mi tristeza,
la vida ni es absurda ni inútil; hay amor,
amistad, literatura, arte, conocimiento,
frescas fresas, belleza, aliento afrodisiaco
en las palabras vivas como antorchas,
riberas del río Mincio, cerca de Mantua.
Amigo, mantente inmutable en tu interior,
y en la noche inmediata, al tropezar con
las tinieblas, sueña con la Luna. La vida es azar,
y, sí, las espinas crecen por dentro, pero
siempre cuaja el día. También todos llevamos,
aquí o en el otro mundo, el tesoro de Mozart,
una manzana verde en la carne. “De parvis
grandis acervus erit”. Vivir fue celestial.
