Diario sin vida 1

«Dylan introduce en su música unas dagas afiladas y al rojo vivo, con las que va cortando en pequeñas rodajas la carne de sus víctimas. Sus letras no tienen ni asunto ni composición, todo seguido, como una diarrea. Un fárrago fofo reblandecido por esa nota mema que tiene siempre el pensamiento del tal nenúfar rockero y romántico. Prefiero Dachau, King África, Julio Iglesias en bermudas, o una operación sin anestesia, a estar una hora en un concierto suyo», escribió Luis Antonio Santaló en una tercera de ABC.

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«Acordes erróneos y aglomeraciones de notas intolerables para cualquiera que no esté por completo desprovisto del sentido del oído… Suena espantosamente mal. Canta y escribe con un cortejo de frases de miriñaques y crinolinas. Dylan es una persona común y corriente con el pelo largo, un notas del postureo, un esnob contraproducente salido del frenopático. Pero se cree, el pobre, el más guapo de la fiesta. Escribe la música más fea que existe. La película es una hilarante chapuza fílmica retratando a una fauna estratégicamente pintoresca. Insufrible, cursi y seudolírica», Emmy Noether, publicado en «The Guardian» el 4-3-2025.

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IMPRESIÓN DE LECTURA A: SANTIAGO LAMAS, «GUIZOS», EDICIONES EL CERCANO

Lamas (él me permite el tuteo), es un escritor extraordinariamente capaz que se ve libre ya de tonterías, y, con ahínco y entereza, espera la noche siguiente con los griegos y algunos otros grandes nombres de la literatura. Creo que, y como dijo Virgilio, “los dioses no fueron de otro parecer”. Sin asomo de ganga retórica, de un modo elegante y esencial [acaso “Quiddities”, de Quine, sea un antecedente a su obra], resume la historia, la de ayer y la de hoy, de modo perspicaz. Su libro es una crónica de la inteligencia, del saber y de los lectores que saben.

Séneca -Ad Luc, 99.12- dice que la vida es un riego continuo. La serpiente infecciosa (“tabificus seps”) de las gilipolleces ambientales, muerden e inoculan su veneno. La Fortuna todopoderosa y el hado ineludible fueron generosas con Lamas. Sabe, sabe escribir, sabe pensar, sabe quién quiere que lo acompañe en su ocaso. Su talento –inmenso- prolifera en beneficio de sus lectores. Sus observaciones, su mirada, tienen esa lamiana marca de estilo típica de, no sé, un yesquero de oro.

Lennon escribió: “Chico, hoy he leído el periódico”. Señoras y señores, frente a la contingencia evanescente de las piltrafas, chicos, yo ayer leí a Lamas. Y soy mucho mejor. Él, por comunicación personal, me dijo que su libro no le gustaba nada. En fin. Concluyo con Aristófanes, remodelado: “Leed pues, para vosotros las páginas del orensano, os encenderá sagradas teas, y acompañadle en procesión, con sus ensayos y sus melodías”. Maestro, que sea por muchos años más.

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Mi idea de feminismo (acaso -no todas-, las mejores mujeres imitando a los peores hombres) la expresa Preciosa, de «La gitanilla», de Cervantes:

«Estos señores bien pueden entregarte mi cuerpo, pero no mi alma, que es libre y nació libre, y ha de ser libre en tanto que yo quisiere».

Y V. Woolf:

“No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”.

O bien Cervantes, en boca de Marcela:

“Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama … Pero, puesto caso que corran igualmente las hermosuras [Grisóstomo también era guapo], no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas las hermosuras enamoran: que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas … Y, según yo he oído decir, el verdadero amor ha de ser voluntario, y no forzoso … Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos: los árboles de estas montañas son mi compañía; las claras aguas de estos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y mi hermosura”.

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Si el sexo es fluido y no tiene una dimensión objetiva, entonces ¿qué sentido tiene luchar por el derecho de las «mujeres», una hipóstasis automáticamente ficticia?

Hoy recuerdo a mis mujeres, muy especialmente a mamá, que murió el 26 de junio y, ay, me dejó solo y desamparado en la vida.

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Cambió la sensibilidad moral. Y mucho. Las mujeres subieron al escenario social. Creo que se cometen excesos por ambos bandos de la guerra cultural, pero, nos guste o no, el s. XXI es el siglo de Internet y las mujeres.

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Mujer: madre, puta y esposa. Ese paradigma hace décadas que se resquebraja. Yo soy hombre, y me gusta, no muy varonil (tiendo más a poeta que a boxeador), pero estoy orgulloso de no ser un mono simiiforme.

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