Diario sin vida 25

Están pasando, deprisa, deprisa, mamá, los años volanderos -por usar la conmovedora inflexión horaciana. Se avecina el verano y no crecen los hijos que no tuve; las rosas de Paestum (“Paestanis rubeant aemula labra rosis”: “que enrojezcan sus labios como las rosas de Pesto”, Marcial), de la borrosa Paestum, murieron; idiotas de mentes ingenieriles y económicas están jugando a manipular ideas igual que mansos políticos dementes. Es tiempo de examinar parques, jardines y flores. Con la nariz tensa hasta la intoxicación. Amar la delicada pelusa de pollito de las mimosas, las lánguidas rosas, el palangre oportunista de las orquídeas, el “bouquet” de astromelias en la boca, el lirio y la hortensia trenzados al Tiempo. Amar la noche en este centro de Londres bien cuidado, bien regado, en el que el olor del pavimento asfaltado está por debajo de los sentimentales olores de los árboles de sombra.

El “Vaccinium vitis-idaea” es una Eriácea. Arbusto poco ramificado con ramillas tomentoso-grisáceas. Hojas coriáceas, obovadas, a veces emarginadas, revolutas. Flores en racimos terminales, péndulas. Corola acampanada de unos 7 mm. Estambres inclusos, anteras sin apéndices. Fruto rojo y acídulo. Se ha cultivado en parterre en el Campus Universitario de Orense (Antiguo Hospital), floreciendo y fructificando.

Me gustaría acordarme de todos los pequeños parques a los que fui; me gustaría tener la capacidad de decir: “carpe, madreselva, oh álamo de Lombardía”, “salve, seto de tejo con forma cuboide, fino banco de piedra, bordes de boj, del Paseo de los Tristes en Manresa”. No, no elude mi memoria los escalones de piedra, los parapetos de terrazas, las fuentes, los ramilletes de peonías, dalias, caléndulas o gerberas, o los hibiscos lamiendo las camelias. Y no olvido el muro de piedra seca, las rejas y la puerta de acceso del Parque Güell. Porque nunca ha sido fácil olvidar la felicidad. Porque una flor es un híbrido símbolo del placer y del olvido.

Deja un comentario