
La matemática es la música de la razón, el arte de la comprensión humana, la poesía del universo, la reina y manantial de las ciencias, la disciplina que trata de aquellas cosas nunca triviales y sumamente interesantes, la ciencia de lo que es claro y evidente por sí mismo, un rasgo de la cultura y una colección de algoritmos.
Para Poincaré, el arte de dar el mismo nombre a cosas diferentes, para Dantzig, el juez supremo para cuyas sentencias no hay apelación posible, según Halmos, una falsa ciencia deductiva, pues, cuando intentas demostrar un teorema, no solo enumeras las hipótesis y luego empiezas a razonar, sino que te conduces por ensayo y error, experimentación y conjeturas, y según Courant, las matemáticas, como expresión de la mente humana, reflejan la voluntad activa, la razón contemplativa, el afán de perfección estética, y sus elementos son la lógica y la intuición, el análisis y la construcción, la generalidad y la individualidad.
Russell creyó que el verdadero espíritu del deleite, de la exaltación, o del sentimiento de ser más que meramente hombre -la piedra de toque de la más alta excelencia- se encuentra en las matemáticas. Y asimismo aseguró que nos alejan todavía más de lo propiamente humano, hacia la región de la necesidad absoluta, a la que debe ajustarse no sólo el mundo actual, sino también cualquier mundo posible.
Sin duda son la fuente principal de la creencia en la verdad eterna y exacta, algo así como unas afueras o arrabales del espacio-tiempo, un universo platónico y asomo de la mente divina asombrosamente inteligible. Las matemáticas son la creación más bella, fascinante y más poderosa de nuestro espíritu.
Las matemáticas son una opulencia de círculos y rectángulos, un fetiche de triángulos y esferas en el salón de las levitas lustrosas, escotes de ginesta de adolescentes licántropas, bollos de huevos en una mesita del Ritz, zapatitos de plata, amantes itinerantes entre libreros de Roma. Las matemáticas son polen en las techumbres de Florencia, Venus de un rojo fuerte y atávico, bellos juguetes perdidos en un poema, entre nomeolvides flotando en un arroyo. Las matemáticas son la cercanía eléctrica de las montañas.
