El «intellectus agens» es capaz de desvelar la verdad, no así la barbarie de mazas y garrotes, de insultos y odio.
La lógica y la argumentación, la discrepancia amable, el argüir razones, parecen culturalmente desacreditados. Se busca “ganar” la conversación, no comprender. La agresividad se confunde con fuerza. La calma o la reflexión se perciben como debilidad.
La lógica es el puente que convierte el ruido en logos. La palabra es la herramienta del ciudadano; el golpe, la del bárbaro. Pensar bien, y las maneras suaves, son el más noble acto de resistencia.
Pero priman primates hooligans y rottweilers.
