Ecce homo 38

Una curiosidad.

Tom Cutler (a través del traductor Jofre Homedes) explica en «Azotes y caricias» (2013) que el Antiguo Testamento está repleto de alusiones sexuales en general, empezando por una de sus prohibiciones más famosas, «No cometerás adulterio» (el séptimo mandamiento). Por desgracia para un impresor de la Biblia, en 1631 el error de un cajista provocó la omisión de la palabra «no», con lo que la frase pasó a ser «Cometerás adulterio». El impresor fue multado y tuvo que reducir los libros a pulpa. En 2010 se puso a la venta por 89 500 dólares uno de los pocos ejemplares restantes de lo que muchos llaman «la Biblia viciosa».

Eso le pasó a un cajista y fue un error, pero se ve que a los traductores de la Biblia algunas cosas les daban cierto apuro y así encontramos uno de los primeros eufemismos. En el Génesis 47, 29 se dice: «Cuando los días de Israel tocaron a su fin, llamó a su hijo José y le dijo “Si he hallado gracia a tus ojos, pon tu mano debajo de mi muslo y hazme ese favor y lealtad; no me sepultes en Egipto”».

Los traductores lo habían suavizado al convertir «pene» en «muslo». En esa época existía la idea de que si alguien hacía un juramento solemne y daba falso testimonio, sus testículos corrían peligro.

***

Uno de los viejos temas de muchos autores clásicos era cómo traducir a autores griegos y latinos juzgados prácticamente de pornográficos.

En distintas ediciones decimonónicas de las “Bucólicas” de Virgilio, donde el famoso primer verso de la Bucólica II: “Formosum pastor Corydon ardebat Alexim», esto es: “El pastor Corydón ardía por el hermoso Alexis”, se convirtieron, por obra de Juan María Maury, Madrid, 1821, en: “El pastor Coridón de amor ardía por la hermosa Alexia”, o bien en: “Coridón, el pastor, amaba con locura a la hermosa Galatea” (en ediciones escolares)

Juan Valera, en su traducción de la deliciosa novelita “Dafnis y Cloe” de Longo, mutiló escenas eróticas y censuró alguna referencia homoerótica.

O Marcial. Recordemos: «Quid faciam, rogas? Non sum mentula; non possum», “¿Qué quieres que haga? No soy una polla; no puedo”. Veamos la traducción francesa, 1868 (ed. Nisard): “Que veux-tu que je fasse ? Je ne suis pas un homme de fer”, “¿Qué quieres que haga? No soy un hombre de hierro”. Ja, ja.

NOTA BENE: Véase una curiosa traducción de Marcial bastante libre en 1910 por parte del olvidado poeta Miguel Romero Martínez (que nos recuerda el erudito poeta Luis Antonio de Villena): «Tu esclavito duélese de la méntula; tú, Névolo, del trasero. No es necesario ser muy lince para adivinar tus aficiones».

***

Poema XXV de Catulo. Dos traducciones a lo largo del tiempo.

Talo invertido, más blando que el pelo del
conejo, que el tuétano del ganso, que el
lóbulo de la oreja, que el lánguido
miembro de un viejo, que la sucia
telaraña; Talo, más rapaz también que los
torbellinos de la tormenta, cuando la luna
te hace ver los empleados del vestuario
que bostezan, devuélveme el manto que
me escamoteaste, mi pañuelo de Sétabis y
mis bordados de Tinia, que exhibes ante
todos, imbécil, como un legado de tus
mayores. Suelta todo eso de tus uñas y
devuélvemelo, no sea que sobre tus
costillitas de lana y sobre tus manos
blanduchas dejen los ardientes azotes sus
huellas vergonzosas y tú te agites de un
modo insólito como frágil bote
sorprendido en la mar gruesa por un
viento impetuoso.

Traducción de Miguel Dolç, 1963.

Talo, eres maricón, eres más blando
que el pelo de conejo,
que la pluma de pato,
que un lóbulo de oreja
o que la picha floja de algún viejo,
más delicado que una telaraña
y también más ladrón
que un tornado que todo se lo lleva
porque te basta la menor rendija
en el cofre que guarda los bienes más
preciados.
Devuélveme mi toga, esa que me robaste,
mi pañuelo de Játiva,
los bordados bitinios,
que andas exhibiendo por ahí
como si los hubieras heredado,
gilipollas. Devuélvemelos ya,
despégalos ahora de tus garras,
si no quieres quedar abochornado,
y tu espaldita débil, tus manos suavecitas,
marcadas por azotes calentitos,
y acabar sacudido como nunca
igual que breve nave sorprendida
en alta mar por viento enloquecido.

Traducción de Juan Antonio González iglesias, 2006.

Deja un comentario