Cyril 71

Orense. En un metro cuadrado de prado puedes distinguir ocho o nueve tipos de verde. Los verdes de Galicia tienen algo de sacristía natural, de retablo húmedo. Verde que invita al recogimiento, a la melancolía. El verde gallego enseña a mirar hacia dentro.

Ese verde interminable produce a veces una extraña fatiga. No cansa como el desierto ni abruma como la montaña: te adormece. Uno acaba pensando de otro modo, con más lentitud y densidad, reconcentrado como dentro de una campana de vidrio.

Verde civilizado por la lluvia.

Deja un comentario