Orense. En un metro cuadrado de prado puedes distinguir ocho o nueve tipos de verde. Los verdes de Galicia tienen algo de sacristía natural, de retablo húmedo. Verde que invita al recogimiento, a la melancolía. El verde gallego enseña a mirar hacia dentro.
Ese verde interminable produce a veces una extraña fatiga. No cansa como el desierto ni abruma como la montaña: te adormece. Uno acaba pensando de otro modo, con más lentitud y densidad, reconcentrado como dentro de una campana de vidrio.
Verde civilizado por la lluvia.
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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