Gustave Flaubert: «La estupidez consiste menos en ignorar que en opinar sobre lo que no se conoce. La manía de tomar partido es el vicio de las almas sin reposo. Tener una opinión se ha convertido en una forma de respetabilidad: se exige incluso cuando no hay pensamiento».
La opinión sustituye al pensamiento del mismo modo que el ruido sustituye a la música. Se opina para existir, no para conocer. La opinión es rápida, cómoda y tranquilizadora; la conciencia es lenta, incómoda y solitaria. Por eso la primera triunfa siempre. Opinar no es pensar: es repetir con énfasis lo que ya circula.
La obligación de opinar sobre todo es una forma de tiranía. El derecho a callar, a no saber todavía, a no decidir, es una de las últimas libertades del espíritu.
