Cyril 88

Borges: «Subrayar es una forma de vanidad secreta. El lector marca el libro como quien deja constancia de haber estado allí. A veces no subraya lo que ha entendido, sino aquello que teme olvidar. El exceso de subrayado revela una ansiedad: la de apropiarse del texto, la de fijar lo que por naturaleza es móvil. Un libro violentamente subrayado es, con frecuencia, un libro mal leído. Leer bien exige una modestia: aceptar que no todo puede ser retenido, que la memoria también debe elegir».

Subrayar puede ser útil cuando se hace con parsimonia, como una señal en el camino; pero cuando todo está marcado, nada lo está. El subrayado excesivo no es atención, es pánico. Es el miedo de perder una frase antes de haberla realmente poseído. El lector que subraya sin cesar se engaña a sí mismo creyendo que conserva el libro. En realidad, lo que conserva es solo la ilusión de haberlo comprendido.

Cuando todo está subrayado, nada ha sido leído.

El lápiz ansioso suele pensar más rápido que el lector.

Subrayar es confesar que no se confía en la memoria.

Subrayar sin parar es leer sin respirar.

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