Quien piensa con claridad escribe con claridad; quien escribe de forma oscura suele hacerlo porque no sabe exactamente qué piensa. Una frase puede sonar elevada y, sin embargo, no significar nada. Cuando el escritor se oculta tras palabras nebulosas, el lector intuye profundidad donde solo hay vaguedad. Gran parte de la filosofía —y de la literatura— ha confundido lo indecible con lo mal dicho. La oscuridad no es misterio, sino fracaso. Una frase incomprensible no es profunda: es un problema mal formulado.
Montaigne: «Prefiero un juicio claro y limitado a una oscuridad que presume de infinitud. La claridad no empobrece el pensamiento; lo disciplina. Cuando una frase no se entiende, conviene sospechar no de nuestra inteligencia, sino de la honestidad del autor».
NOTA BENE: Observen la siguiente oración: “La textualidad articula un campo de fuerzas donde la significación se difiere indefinidamente”. Parece profunda por el léxico técnico (“articula”, “campo de fuerzas”, “difiere”) y porque nadie se atreve a pedir un ejemplo.
Traducción honesta: «Los textos pueden interpretarse de muchas maneras y no hay una sola lectura final». Lo que es una idea banal inflada hasta parecer teoría.
