En el ecosistema mediático español surge el deporte como coartada para la incultura verbal y la radio deportiva como máquina de ruido emocional.
El deporte no es el problema. El problema es el tratamiento. La radio deportiva ha optado mayoritariamente por un modelo muy concreto: horas infinitas para hechos mínimos, excitación permanente para acontecimientos triviales, opinión sin ideas, emoción sin concepto. Todo con una lengua muy empobrecida como estilo dominante. No informan: ocupan tiempo. No analizan: rellenan. No hablan: vocalizan toscamente.
Rasgos típicos del locutor deportivo medio:
-Léxico extremadamente reducido (300–400 palabras activas)
-Abuso de muletillas (“al final”, “obviamente”, “es lo que hay”)
-Frases sin subordinación (pensamiento plano)
-Incapacidad para definir, matizar o jerarquizar
-Confusión entre intensidad y énfasis (gritar no es lo mismo que decir algo)
La radio deportiva vive en una hipérbole continua: cada partido es “histórico”, cada error es “inadmisible”, cada fichaje es “clave”, y cada derrota es “un drama”.
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George Orwell; «Cuando el lenguaje se corrompe, el pensamiento también lo hace. Una prosa descuidada no es solo consecuencia de la estupidez: es una de sus causas. Quien se acostumbra a frases hechas y sonidos vacíos acaba siendo incapaz de pensar con precisión». Aplicable palabra por palabra a la radio deportiva.
Manuel Vázquez Montalbán: «El deporte espectáculo cumple hoy una función anestésica. No se trata de entender el juego, sino de mantener al ciudadano en una agitación permanente que le evite el pensamiento crítico. El ruido sustituye a la reflexión». Exactamente lo que oímos cada fin de semana (y no pocas tardes entre semana)
Umbral fue implacable con el periodismo sin lengua. En múltiples columnas denunció la conversión del periodista en “un señor que emite sonidos sin sintaxis, como una radio mal sintonizada, confundiendo vehemencia con talento”. No hablaba solo de deportes, pero les encaja perfectamente.
No pido locutores cultísimos ni filólogos románicos en antena; pido atenuar tanto analfabetismo cultural amplificado por el micrófono.
