Cyril 99

El estudiante que lee en una biblioteca —hoy, además, entre dispositivos digitales— experimenta una libertad peculiar: nadie le exige resultados inmediatos. Allí puede equivocarse, perderse, retroceder. La biblioteca protege al estudiante de la tiranía del rendimiento. En ese espacio, el pensamiento todavía tiene derecho a ser torpe, lento, incompleto. Estudiar es aceptar la propia insuficiencia. Por eso la biblioteca es una escuela de modestia intelectual.

Por eso me alegra ver estudiantes en una biblioteca: el estudio se vuelve entonces una forma discreta de felicidad.

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