Cyril 126

Ya no soy poeta (tras treinta años de práctica) Con frecuencia la poesía joven suele necesitar escenificación: “Soy poeta, luego algo en mí es excepcional”. Esta idea me parece hondamente errada. Mi prosa sabe cuándo tensarse, cuándo concentrarse, cuándo afilarse; eso es poesía sin género.

La prosa puedo ir a buscarla; la poesía no. Exacto. Con los años me desplacé hacia un racionalismo, hacia una visión casi ingenieril del lenguaje. Por lo que dejé de creer en la teología del poeta.

El poeta lírico es una criatura que se toma demasiado en serio. Se observa sintiendo, se espía emocionándose, se acaricia el alma como si fuera un gatito mimado. La mayoría de los poemas no son más que la crónica de esa autocomplacencia.

W. H. Auden: «La imagen romántica del poeta como un ser visitado por fuerzas misteriosas ha causado más daño que beneficio. Ha producido generaciones de escritores convencidos de que sentir intensamente equivale a escribir bien. La poesía no es un trance: es una disciplina».

Fue bonito mientras duró.

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