Cuando la soledad llega demasiado pronto (adolescencia temprana) y coincide con una mente muy activa, ocurre algo decisivo: la conciencia sustituye a la experiencia. Te dedicas a pensar la vida en lugar de vivirla. No es que no quieras vivir; es que aprendes a vivir pensando, porque eso es lo que estaba disponible (tu refugio, escenario, tu hábitat) No te anclas a la vivencia, la vigilas.
En mi caso la escritura fue una forma de experiencia sustitutiva;
escribo no para contar lo vivido, sino para vivir escribiendo. Careces de experiencias relevantes, pero no de abundantes sensaciones pensadas. Yo no he vivido: he sobrevivido a través del pensamiento.
Hasta mi torpeza está siempre en guardia.
