Franz Kafka
«Desde muy pronto comprendí que el mundo no estaba hecho para mí. No porque yo fuera excepcional, sino porque estaba desprotegido. Cada contacto dejaba una marca, cada palabra ajena era una invasión. No aprendí a defenderme, sino a retirarme. Mi error no fue la huida, sino la lucidez: ver con demasiada claridad lo que otros soportan por insensibilidad. Nunca he sido agresivo con el mundo, porque sabía que su violencia no era personal, sino estructural. Pero ese saber no protege».
Fernando Pessoa
«Fui excluido antes de haber sido admitido. Por eso no guardo resentimiento: no se puede odiar un banquete al que nunca se fue invitado. El mundo me fue siempre extraño, no hostil; yo era el extranjero. No aprendí a vivir entre los hombres, sino a observarlos desde una distancia que primero fue defensa y luego destino. No me hice cruel porque nunca me sentí con derecho a reclamar nada».
Simone Weil
«La aflicción no endurece necesariamente. A veces despoja. Cuando se sufre demasiado pronto, se pierde la ilusión de pertenecer, pero se gana una claridad terrible: la de saber que el mundo no garantiza justicia ni amparo. No me volví cruel porque comprendí que la crueldad no repara nada. El mal no se vence devolviéndolo, sino viéndolo sin consuelo».
Thomas Bernhard
«Fui humillado, despreciado, apartado. No aprendí a convivir, aprendí a resistir. El mundo me enseñó pronto que no había lugar para mí, y yo acepté esa lección sin teatralidad. No me hice agresivo: me hice exacto. La exactitud es una forma de venganza silenciosa. No se devuelve el daño; se lo describe hasta que pierde su poder».
