Cyril 155

La política que se presenta como expresión directa de la voluntad popular tiende inevitablemente a volverse irresponsable, porque elimina los mecanismos de corrección. El populismo desprecia la crítica, pues toda crítica es interpretada como traición. Y un sistema que no tolera la corrección está condenado a radicalizarse o a derrumbarse, nos advirtió Popper.

El populista no ofrece soluciones técnicas, sino culpables visibles. Su fuerza reside en transformar problemas complejos en relatos simples donde el líder aparece como el único mediador honesto entre el pueblo virtuoso y las élites corruptas. El populismo no ama al pueblo concreto; ama a una abstracción que solo existe mientras aplaude. Ofrece pertenencia a cambio de obediencia emocional. No necesita convencer: necesita mantener la masa unida en tensión constante.El político populista no libera a sus seguidores de la frustración; la organiza, la dosifica y la utiliza como combustible político. Así, la ira se vuelve un recurso y un capital político.

Lo inquietante de Abascal no es lo que dice, sino lo poco que parece importarle decirlo bien. Su relación con el lenguaje es instrumental y descuidada, como si las palabras no fueran herramientas de pensamiento (creo que no tiene muchas luces) En ese empobrecimiento deliberado del discurso se refleja un empobrecimiento más profundo: la renuncia a pensar. Su ignorancia no es un accidente, sino una cualidad funcional, porque lo libera de escrúpulos intelectuales.

El cero del termómetro.

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