Cyril 165

El calambre es un tipo de sensación corporal que se impone súbitamente, como un puñetazo en lugar de un razonamiento.

Andre Agassi, en «Open», lo describe así: “El calambre llega como un sabotaje interno. Sabes exactamente qué músculo va a fallar y no puedes hacer nada para impedirlo. Se encoge, se endurece, y cada paso siguiente es una discusión absurda entre la voluntad y la fisiología». Y, otro deportista, Christopher McDougall, en «Born to run» lo define como: «no es solo falta de sales o de entrenamiento; es el momento en que la carrera se vuelve íntima y brutal. El músculo se cierra como un puño y te obliga a escuchar algo que llevabas kilómetros ignorando. Cuando llega, se acaba la épica y empieza la verdad”.

Muy versosímilmente los libros de Agassi y McDougall los esribieron negros de la editorial. Comparemos esos fragmentos con otros de Bernhard y Canetti. El primero escribe: «“El calambre es la forma más clara de desprecio que el cuerpo muestra hacia el pensamiento. Aparece en el momento exacto en que uno cree tener control. Se instala, se contrae, y toda voluntad queda reducida a una mueca absurda. El cuerpo se burla con precisión quirúrgica.”, y, Canetti, nos informa: «Las contracciones involuntarias del cuerpo son pequeñas rebeliones. No buscan destruirlo, sino recordarle al individuo que no es soberano. Un músculo que se cierra de golpe tiene más autoridad que cualquier pensamiento. El cuerpo posee sus propios decretos de excepción.”

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En Open (Agassi) y Born to Run (McDougall) el calambre aparece descrito con notable corrección técnica y una prosa eficaz. Incluso si estos textos fueron escritos (o pulidos) por “negros” editoriales —lo cual es probable—, el punto decisivo no es la autoría, sino el molde industrial del sentido: el dolor no puede quedar mudo, porque el lector debe salir reconfortado.

Bernhard y Canetti, en cambio, aceptan el riesgo máximo; que el cuerpo no tenga razón, o el calambre no diga nada, o la voluntad sea irrelevante.

Donde el best seller extrae una lección, el gran escritor pierde una ilusión.

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